Columna Semanal Competitividad Empresarial 30-sep-2020

Autor: MSc. Carlos Romano Flores Molina, MEE

Director Ejecutivo Cambio Cultural Consultores

Hoy me refiero a aquellos que caen en alguna medida en la conducta conocida como presentismo, pero no tanto en su acepción como enfermedad psicosocial, sino como fenómeno curioso, que es el hecho de que un colaborador crea que irse muy tarde de su trabajo a la casa pueda representar un aumento de su productividad, o bien, en su buena reputación y “capital político” ante su supervisor y la empresa.

¿Qué hace aquí tan tarde?

Aludo aquí a aquellos creyentes de que irse a casa más tarde que su propio supervisor, laborar los feriados o bien en horas inhábiles, asumen en que así se les tendrá reputados como modelos a seguir o candidatos a la silla ejecutiva. Me perdonan, pero creo que esto es puro humo, ilusión, excelencia en reversa.  

Una gerencia competente debería analizar este fenómeno ya que las excesivas jornadas diarias de un colaborador podrían indicar -sin ser mal pensados-, en que éste tiene un exceso de trabajo y/o desbalances en las asignaciones y tareas del puesto.

En el otro extremo del fenómeno, podría maliciarse que hay un modelo de pensamiento llevado a la acción -un paradigma- en donde algunos apuestan indudablemente a que imitar conductas de los supervisores es sinónimo de estabilidad laboral.

Estas posturas pueden haberse transmutado ya en un virus mental -hablando hiperbólicamente-, que ha contagiado al personal haciéndole creer en virtudes nulas que, en realidad, son más bien signos de incompetencia evidente.

Hay ambientes en donde hasta los defectos, taras, neuras y manías de las propias gerencias, son comportamientos asimilables y virales que se asumen no solo como normalidades, sino hasta como “encantos” de estas jerarquías, lo cual es un fenómeno que con frecuencia tuerce la lógica convencional y la más mínima ética.

El colaborador que trabaja horas excesivas acaso necesite orientación para organizarse y asignar mejor sus prioridades; pueda que requiera soporte o de una mano por la sobrecarga de trabajo, ya sea puntual, estacional o permanentemente, debido tal vez a otras causas a determinar.

En las indagaciones que en algunos casos se han efectuado, las conclusiones son de muy diverso cariz; se comprobaron las anteriormente citadas; en otras, la causa fue la permanencia de la persona en las redes sociales, factor que no hay que dejar de lado, ya que esto en la empleomanía -al menos en la de EE.UU.- se calcula que hay una pérdida de productividad real de al menos dos horas y media diarias, acaso más.

Las respuestas también pueden ser sorprendentes, pero estas pasan a segundo plano ante la necesidad de una actuación gerencial responsable en indagar sobre las causas de esta permanencia excesiva en el puesto de trabajo. Otras razones pueden ser comprensibles y hasta loables en los casos de que un aparente presentismo, en realidad, se deba a que la persona estudie online, entre otras causas justificables.

No obstante, otros factores inciden en estas jornadas extendidas: temor al despido -cuando esta tendencia se convierte en verdadera patología psicosocial-, poca motivación en el puesto, falta de o comunicación inadecuada de los objetivos y metas específicas; escasa o nula supervisión y/o carencia de interés de ésta en la medición de resultados, o podría obedecer a un acoso laboral por parte de la supervisión, en donde al colaborador se le castiga sutilmente con asignaciones sin valor agregado alguno pero de intensa elaboración que lo obliga a permanecer inútilmente en el puesto.

Lejos de ser señal de aplicación o de plus esfuerzo de la persona, el permanecer excesivamente en la oficina puede ser indicativo de poco talento de quienes han establecido ese modelo de conducta, o de proyección refleja negativa de sus experiencias autobiográficas, de su pobre administración del tiempo y de un sentido obtuso de la eficiencia.

El colaborador no tiene culpa alguna de lo que le pudo haber costado a su superior llegar hasta ese nivel; las inteligencias son relativas y diferentes para encasillarlas y exigirlas en parámetros caprichosos y absolutistas.

Otras respuestas pueden ser tragicómicas (aunque verídicas):

-Chávez, ¿Por qué se queda tan tarde en la oficina? ¿Le cuesta mucho el trabajo?

-No jefe, es que me llevo muy mal con mi mujer y prefiero permanecer aquí para llegar a casa ya cuando ella esté dormida.

direccion@cambiocultural.net

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