Columna semanal Competitividad Empresarial (1-julio-2020)

Auditorías de flotas de transporte pesado

Autor: MSc. Carlos Romano Flores Molina, MEE

Director Ejecutivo Cambio Cultural Consultores

direccion@cambiocultural.net

La mayoría de los encargados de estas flotas evalúan de una manera minimalista los riesgos en que pueden incurrir sus equipos en las carreteras. Son pocas las organizaciones que se enfocan en hacer un análisis de riesgo integral sobre las diferentes circunstancias en que puede acontecer un percance, siendo más que todo que el operador no colisione, típicamente, por hacer una “mala maniobra”, pero hasta allí; dejando de lado un gran número de circunstancias y eventualidades que pueden originar una tragedia vial.

La administración verdaderamente profesional de riesgos de estas flotas va mucho más allá de estas obviedades, sabiendo que hay un número no inferior a 64 situaciones de fallas posibles que pueden sucederle a un vehículo articulado, en cualquier configuración: camiones cisterna, furgones con contenedores, góndolas de carga a granel, entre otros.

Recuerdo hace unos años en la compañía donde trabajé tanto tiempo, en donde un vehículo cisterna cargado de gasolina tuvo un percance al salir del cargadero, hecho en el cual a la cisterna se le rompió el brazo de descarga al hacer contacto con el chasis del camión al girar en un ángulo especialmente agudo, derramándose al menos 1000 galones de gasolina de uno de los compartimentos.

El combustible fluyó como un arroyo y quedó flotando aterradoramente en la esquina de uno de los parqueos de las oficinas administrativas, sitio que hacía una especie de cuenco en uno de sus extremos. El producto quedó allí como una piscina de poca profundidad, estancado, hasta que de forma milagrosa; bueno, no me pregunten qué pasó después.

Al hacer el análisis del percance se descubrió que la cisterna IFA -una chatarra de la Guerra Fría- había sido acoplada burdamente a un camión Mack, cuyo tornamesa y chasis quedaban muy comprometidos al hacerle la grosera adaptación, lo cual -repito- causó que, al girar desmesuradamente, se diera dicha fractura y aconteciera el derrame.

Las investigaciones señalaron que nunca, pero nunca, se había llevado a cabo una revisión técnica estructural de esa cisterna, la cual pudiera atestiguar una mínima supervisión prudencial por parte de los encargados de la planta. Más bien, fueron detectadas otras graves anomalías en donde el personal “experto” de flota propia se arrogaba conocimientos que jamás podían haber sido sustanciados, ni por asomo, lo cual peligrosamente, brindaba una falsa sensación de seguridad y la creencia absolutamente falsa -por supuesto- de que existía un proceso “robusto” de inspección interna. Una verdadera ilusión.  

La moraleja de la historia es que cuando se atribuyen “fallas mecánicas” a los equipos por falta evidente de una supervisión prudencial técnica verdadera, esta es una responsabilidad irrenunciable de los propietarios de la flota, ya sea con sus propios equipos o en cualquier modalidad de contratación, ya que desde el punto de vista de las responsabilidades eventuales -como un percance con fatalidades propias y de terceros- no se podrá jamás argumentar que “el servicio era contratado”; porque usted puede delegar la ejecución, pero jamás podrá delegar la responsabilidad suya como actor generador del hecho originario en que terminaron los acontecimientos, ya que hay siempre una obligatoriedad de verificar integralmente las múltiples posibilidades por las que puede acontecer un percance grave o catastrófico.

Las revisiones mandatadas por las autoridades en las inspecciones periódicas que se realizan en muchos talleres cuasi-artesanales, son el más grande monumento al autoengaño, cuando se cree que estas confirman de alguna manera el correcto estado técnico estructural y de funcionamiento de un determinado equipo pesado. Existen estándares internacionales -que no cito por razones de espacio- que guían de forma específica en la ejecución de las verificaciones normativas estructurales que deben efectuarse tanto al camión como al remolque en particular, pero que también, cubren aspectos de administración de riesgos operacionales de flota con distintas variables por las que podría acontecer un percance. 

Las auditorías de seguridad de flotas de transporte pesado debieran -preferiblemente- ser conducidas por personal capacitado e independiente, ya que lo que está en juego es la vida de las personas, tanto los operadores como los demás usuarios de la vía, incluso, hasta de las personas que no tienen que ver necesariamente con la circulación vial, como puede acontecer con viviendas a las orillas de las carreteras.

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