I´m not a businessman; I´m the business, man. (Jay Z).

Usted como marca

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina, MEE, MSc.

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Director Ejecutivo Cambio Cultural

I´m not a businessman; I´m the business, man, frase que es atribuida a Shawn Corey Carter, (1969), conocido como Jay Z, esposo también de la exitosa cantante Beyoncé.  El tema parece trivial o vano, en citar aquí a un mega talentoso cantante de hip-hop, rapero, productor, empresario; pero que acontece ser el primer artista de su género, en haber sobrepasado un patrimonio personal de un millardo (un mil millones) de dólares.

Esto pareciera ser una apología del dinero como deidad contemporánea; no obstante, está muy lejos de mi intención, sino solamente ejemplificar la gestión de uno mismo como una marca personal, siendo este tema algo en lo cual constantemente se puede aprender —y sin temor a decirlo— hasta en el lecho de muerte, o bien, incluso en los precisos instantes de ese momento desconocido, pero tan definitorio para la naturaleza humana.

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A mi juicio, las claves o postulados que pueden extraerse de este exitoso empresario —para resumir en una palabra a Jay Z— es primero, el hecho de siempre querer romper los propios límites, de no dejarse arredrar por los retos que uno encuentre.  A como menciona ese destacado artista, uno siempre debe mirar los desafíos —por más insalvables que parezcan— con una marcada deportividad, con la visión del jugador cuyo fin último es vencer con una mentalidad de ajedrecista: fijando objetivos valiosos, diseñando estrategias, apostando alto, uniendo recursos, pero sin amilanarse por si hay resultados adversos, porque, al fin y al cabo, un juego sin peligros mortales será un muy triste y aburrido juego. Los premios mayores serán siempre para los más audaces.

El segundo postulado es figurarse lo máximo que uno pueda imaginar. A menudo alguien en un trabajo resulta ser el gran solucionador de ciertos problemas que son comunes, molestos y que pocos saben resolverlos: desde reparar un aparato electrónico, efectuar una conexión inalámbrica, echar a andar correctamente algún dispositivo, entre otros. Algunos más se darán cuenta que tienen una marcada habilidad numérica, otros por la redacción, y ciertos más, por el formar equipos con propósito, o ser diestros con las redes sociales.

Algunos verán esas características como simples aficiones o pasatiempos, tomados a la ligera, cuando está comprobado que ese talento innato —engañosamente recreacional— es en donde exactamente la creatividad y la excelencia encuentran el mejor terreno.  Entonces, figúrese como reto imaginarse qué resultaría de esa su habilidad innata, pero potenciada al máximo nivel posible. ¿Cómo podría ser monetizada de una manera tal en que usted no tuviera otra alternativa forzosa que hacerlo? Y esto es supremamente válido, ya que en los tiempos en que vivimos, podríamos hacer muy bien en prepararnos para cambiar oportunamente nuestra forma tradicional de emplearnos.

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El tercer postulado es siempre mantenerse incómodo. Uno constantemente encontrará un modelo a seguir, ya sea una persona o un concepto de negocios que encarna esa visión que deseamos alcanzar. Entonces aquí hay que moverse, estudiar, averiguar, indagar, desmenuzar los factores críticos de éxito de estos referentes conceptuales, para emprender similarmente ese camino; obviamente que en diferentes circunstancias, pero hay que reconocer que a veces la escasez relativa puede significar también oportunidades formidables de negocio —que la mayoría de las veces no vemos— porque estamos cómodamente disfrutando aún de nuestra más reciente planicie de comodidad.

El cuarto postulado es simple: oblíguese. Aun si estuviera sin empleo, una vez que usted pueda delinear el concepto, idea o negocio que se figure, no la abandone; hágase un régimen estricto, establezca un horario y suponga que tiene el peor jefe-ogro que haya conocido, capaz hasta de leer sus pensamientos, y que si él nota que usted divaga mentalmente fuera del propósito que está persiguiendo, puede sufrir una severa amonestación.

Es célebre hoy la foto de un muy joven Jeff Bezos —aún con cierto cabello— en donde luce como un burócrata condenado al tedioso trabajo de escritorio, con una pila enorme de papeles y una computadora vintage, en donde estaba ingresando compulsivamente datos para aquel emprendimiento que hoy es Amazon.  De Bezos —la persona más adinerada del mundo— se vaticina que será el primer verdadero billonario, ya que pronto alcanzará un patrimonio neto de un millón de millones.

Por favor, no descuide su afición, más bien, monetícela.

direccion@cambiocultural.net

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