Motociclistas y velocidad

Columna Competitividad Empresarial

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina, MEE, MSc.

Director Ejecutivo

Cambio Cultural Consultores

 

Como entrenador profesional de manejo defensivo para motociclistas empresariales —pero más como un motociclista más de toda una vida — estoy muy al pendiente de aprender de los accidentes que con estos versátiles y económicos vehículos acontecen en nuestras calles, carreteras y caminos rurales en Nicaragua, con el fin de obtener lecciones aprendidas y puntos de valor para compartir en cada nuevo seminario para estos operadores.

Un factor que es casi una constante cuando hay un percance de estos, es el hecho comprobado de la velocidad inadecuada para las circunstancias, principalmente, el tema de la velocidad excesiva para las condiciones viales en que ocurrió el evento. Este factor es la causa directa —aunque superficial en todo el entramado de otras complejas causas y factores contribuyentes — pero número uno de los accidentes viales en donde una motocicleta se ve involucrada.

Una de las creencias erróneas típicas de cualquier motociclista es creer con certidumbre que se puede controlar la moto más allá de cierto umbral de velocidad. Esta es una suposición completamente falsa, puesto que a partir de 15 o 20 kph el peso de la moto y la energía cinética o de movimiento generada, hacen que las acciones del motociclista para controlar la aceleración y la fuerza de impacto sean puras ilusiones.

Es importante saber que muy pocos motociclistas están conscientes qué tan rápido viajan.  Si uno les pregunta de una manera imprevista a cualquier motociclista: ¿sabe cuántos metros por segundo recorre su moto a 50 kph?, con frecuencia usted escuchará respuestas erróneas, y hasta tragicómicas, puesto que la mayoría de los motociclistas responderán al azar, o bien, surgirá la naturaleza bizarra desde lo más recóndito de nuestro ADN; la inveterada costumbre de contestar “a la si pego”, respondiendo entonces —apuesto 10 contra 1— algo que será rotundamente equivocado.

Obviamente que usted tendrá que plantearse convertir el kilómetro a metros; y la hora,  a segundos; y el resultado será una simple regla de tres: 13.89 metros por segundo, lo cual es una velocidad técnicamente ingobernable para un movimiento rápido o brusco en que incurra el motociclista en caso de una maniobra evasiva. Simplemente, una maniobra evasiva repentina y radical, a esa velocidad, es muy difícil, -o mejor dicho-, de resultados muy inciertos.

Alguien afirmará: “entonces quiere decir que cualquier velocidad es peligrosa, ¿o no?” —y ciertamente que sí—, pero lo que verdaderamente determinará la probabilidad del accidente serán las condiciones que intervienen en las fracciones de segundo previos al percance.

Tráfico, lluvia, arena, estado de la vía, subidas, bajadas, obstáculos, peatones, piedras, animales en la vía; pero más que todo —las propias expectativas del motociclista— se configurarán para generar factores precursores de accidentes graves y fatales, porque en motocicleta, no hay golpes leves.

Y hay que ser francos también: en algunas ocasiones una velocidad muy lenta para las condiciones del resto del tráfico, puede arriesgar al motociclista a un posicionamiento trágico, puesto que quienes vienen al lado y detrás suyo mantendrán la velocidad aproximada del resto del grupo, por lo cual usted no puede pensar que llevar una velocidad “baja” lo protegerá de las acciones de los demás. Tristemente, no es así.

Si usted circula en una zona en que “los racimos” de vehículos viajan a 60 kph y usted va a 40 kph, muy probablemente en algún momento le puede ocurrir una circunstancia de golpe de alcance, o golpe por detrás, por lo que deberá extremar precauciones, o movilizarse con un posicionamiento defensivo, a la velocidad del racimo o grupo de tráfico predominante, procurando un ángulo de visión de 360 grados.

El otro punto importante sobre el que hay que reflexionar es acerca de la habilidad relativa del motociclista.  Esta es una de las percepciones más engañosas a la que nos enfrentamos. Todo motociclista piensa que tiene habilidades de conducción más altas que las que tiene en realidad. Uno debe estar consciente de esta especie de tara colectiva, en donde uno supone —nuestro cerebro y nuestro errado amor propio nos engañan y nos vencen—, ser más diestro o superior a los demás en términos de habilidades, visión, capacidad de maniobra, experiencia, atención a detalles, entre otras características que nos atribuimos muy desarrolladas; pero esta consideración es más bien un legítimo delirio mental. Uno lo comprueba cuando entrevista o escucha los testimoniales de los motociclistas —los que sobreviven— a un accidente fatal: pensé que no venía tan rápido, apareció de repente, no vi los retrovisores, no estaba consciente de tal o cual aspecto; entre otros.

Uno generalmente no se enfrenta a cada momento situaciones viales que rebasen su habilidad relativa como motociclista, sino que muy eventualmente.  La mayoría de las situaciones cotidianas están por debajo de nuestras habilidades y capacidad de reacción; esto se comprueba con el hecho de que los accidentes no ocurren con tanta frecuencia a un solo individuo; no obstante, es seguro que cuando un evento vial supera o rebasa nuestras capacidades y habilidades relativas —así como las de la misma motocicleta— (el efecto cisne negro, que nada tiene que ver con la película) surgirán entonces problemas de vulnerabilidad no percibida, en donde un accidente que originariamente no era mortal, sí se convierte en una fatalidad porque somos impactados de rebote por otro vehículo detrás nuestro, o proyectados conjuntamente con la motocicleta hacia un objeto fijo, con la débil resistencia de nuestra anatomía.

Piense en la velocidad de crucero con que usted circula en las vías en su motocicleta: ¿50, 60, 70 kph? Algunos se reirán, puesto que sé que piensan en la verdadera velocidad en que conducen y dirán: yo manejo mi moto por carretera a por lo menos a 100 kph.

Ok. Pero ponga atención a lo que sigue.

Entonces le pregunto: ¿cuándo fue la última vez que usted practicó una maniobra evasiva a esa “velocidad de crucero”?  Es posible que usted crea —con un 100 % de posibilidad— que sí tiene toda la habilidad para efectuar esa maniobra evasiva y radical de carácter repentino: girar, frenar, cambiar de rumbo, evadir un obstáculo en la vía, capear un vehículo, otra moto, un peatón, un perro, entre otros.

Pero ese razonamiento suyo puede estar originado únicamente en suposiciones muy heroicas.  Con certeza que si usted no ha practicado de forma consciente -intencionadamente-, sobre cómo realizar una maniobra evasiva radical a la velocidad de crucero, entonces, es probable que usted no tenga esa habilidad específica —tan sencillo como eso— porque simplemente el cerebro humano es una máquina de instrucciones, al igual que una computadora, por lo cual si a la hora que su “software mental” busque la instructiva para que su mente y cuerpo se articulen y se coordinen según lo practicado, entonces si su cerebro no encuentra esa instructiva —de nuevo: porque nunca ha practicado o por falta de práctica— entonces usted se verá obligado a improvisar, lo cual siempre será un resultado al azar; y lo más probable es que la maniobra salga mal y usted se vea en el medio de un accidente serio o fatal. No se engañe, lo más fácil del mundo es pensar en forma optimista; pero los optimistas también fallan irremediablemente.

Otro de los factores que operan como legítimos vicios mentales son nuestras propias expectativas, las cuales, en una gran mayoría, son también muy erróneas.  Veamos las siguientes.

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Primera: todo motociclista supone que “la motocicleta es un vehículo más”; lo cual es un absurdo. Si uno analiza las leyes de la Física, una moto es un vehículo muchísimo menos que liviano, por lo cual suponer que tiene los mismos patrones dinámicos y de estabilidad o equilibrio que un vehículo de cuatro ruedas, es una noción muy imprudente o salvajemente torpe, puesto que la mayoría de los vehículos que circulan en las vías tienen un peso abrumadoramente superior a esta.

Por ejemplo, una Yamaha YBR 125 pesa unas 275 libras con el tanque lleno; compárela ahora con una Hilux que tiene un peso en vacío de unas 4100 libras.  Es decir, la Hilux pesa unas 15 veces más que la YBR, por lo que es un absurdo pensar que “la moto es un vehículo más”; ni en la Física, ni en su posicionamiento defensivo, quien lo diga es alguien quien merece que lo manden a “hacer planas” como en la escuela en que estudió mi generación: !Escriba 500 veces “la moto NO es un vehículo más”!

No hay tal suposición ni expectativa de que la moto “es un vehículo más”; puesto que una colisión en cualquier ángulo, y en especial, un golpe de alcance —por detrás— podría ser mortal, por el peso relativo del vehículo de cuatro ruedas.  La inercia es afectada por la masa directamente, por lo tanto —a mayor masa, mayor inercia— esta es la segunda Ley de Newton, y esta Ley de las aceleraciones dice que: “la aceleración de un cuerpo es directamente proporcional a la magnitud de la fuerza aplicada e inversamente proporcional a la masa del cuerpo”; por lo tanto, un cuerpo de mayor masa siempre desplazará a uno de menor masa. Es por eso que usted tiene que adoptar posturas defensivas y posicionamientos específicos cuando circule en las vías, puesto que su “radar de motociclista” debe estar activado en el nivel más sensible para evitar ser colisionado por cualquier ángulo.

Segunda: lo más sorprendente es la actitud absurda que algunos motociclistas tienen en relación con el supuesto respeto que los demás actores viales deben tener con el motociclista: ¿cuál respeto? Eso es algo que nos han metido absurdamente en nuestras mentes como una expectativa errónea que nos hace bajar la guardia.

Lo que sí hay que entender y tener claro que al automovilista promedio “le valen madre los motociclistas”; es por eso que el papel activo del motociclista de velar por su propia seguridad es en sí una conducta que salva vidas; pero no la creencia absurda que el otro actor vial velará por la seguridad del motociclista. Este es un fenómeno en donde los papeles se invierten ingenuamente, pensando que el automovilista cumplirá con la ley y velará por la seguridad del motociclista. ¡Qué absurdez! !A cuántos motociclistas habrá matado esa creencia absurda!

Es por eso que las guías internacionales de Manejo Defensivo para motociclistas tienen llaves de manejo y pautas específicas de posicionamiento vial; de posturas en la calzada que procuran dejar una ruta de escape en caso de una acción de emergencia.

El problema principal de las legislaciones o las normas de tránsito —y en nuestro país principalmente— es que se asume con ligereza de que todos los vehículos son iguales: que una moto, un carro y un camión, deben todos tener el mismo posicionamiento o ubicación vial, en la superficie de circulación.

En el caso de las motocicletas —debido a su vulnerabilidad inherente— el posicionamiento tiene que ser proactivamente diferente, para poderle hacer frente a las eventualidades de su tamaño y peso relativo, así como su velocidad particular, puesto que la anatomía del motociclista es la verdadera carrocería de la motocicleta, obligando entonces a quien la opera a tomar continuamente un posicionamiento o postura de seguridad, el cual está lejos de ser explicado en las normativas que están destinadas para vehículos de cuatro ruedas. Es por eso la necesidad de brindar capacitación competente alineado con las verdaderas prácticas defensivas internacionales.

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