Seminario próximo

Si usted trabaja en el área de servicio al cliente como tomador de decisiones y piensa que debe mejorar su desempeño y el de su empresa, en este curso encontrará las claves, consejos, modelos, referencias, técnicas y mejores prácticas de compañías globales, para que le sirvan de inspiración y guía para llevar a su organización a niveles superiores de alineamiento sistémico e incremento de utilidades.

Aquí se puede usted plantear para su empresa el cómo implantar una cultura de servicio extraordinario a los clientes, así como la evaluación y auditoría de todos los sistemas gerenciales orientados a servir a los compradores, creando así una ventaja competitiva sostenible que le diferenciará de las demás compañías.

Proveemos también asesoría y capacitación a su personal sobre este modelo de transformación estratégica de su negocio.

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El servicio extraordinario a los clientes

I´m not a businessman; I´m the business, man. (Jay Z).

Usted como marca

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina, MEE, MSc.

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Director Ejecutivo Cambio Cultural

I´m not a businessman; I´m the business, man, frase que es atribuida a Shawn Corey Carter, (1969), conocido como Jay Z, esposo también de la exitosa cantante Beyoncé.  El tema parece trivial o vano, en citar aquí a un mega talentoso cantante de hip-hop, rapero, productor, empresario; pero que acontece ser el primer artista de su género, en haber sobrepasado un patrimonio personal de un millardo (un mil millones) de dólares.

Esto pareciera ser una apología del dinero como deidad contemporánea; no obstante, está muy lejos de mi intención, sino solamente ejemplificar la gestión de uno mismo como una marca personal, siendo este tema algo en lo cual constantemente se puede aprender —y sin temor a decirlo— hasta en el lecho de muerte, o bien, incluso en los precisos instantes de ese momento desconocido, pero tan definitorio para la naturaleza humana.

El servicio extraordinario a los clientes

No se pierda de participar en este seminario que le cambiará positivamente los esquemas para usted y su empresa.

A mi juicio, las claves o postulados que pueden extraerse de este exitoso empresario —para resumir en una palabra a Jay Z— es primero, el hecho de siempre querer romper los propios límites, de no dejarse arredrar por los retos que uno encuentre.  A como menciona ese destacado artista, uno siempre debe mirar los desafíos —por más insalvables que parezcan— con una marcada deportividad, con la visión del jugador cuyo fin último es vencer con una mentalidad de ajedrecista: fijando objetivos valiosos, diseñando estrategias, apostando alto, uniendo recursos, pero sin amilanarse por si hay resultados adversos, porque, al fin y al cabo, un juego sin peligros mortales será un muy triste y aburrido juego. Los premios mayores serán siempre para los más audaces.

El segundo postulado es figurarse lo máximo que uno pueda imaginar. A menudo alguien en un trabajo resulta ser el gran solucionador de ciertos problemas que son comunes, molestos y que pocos saben resolverlos: desde reparar un aparato electrónico, efectuar una conexión inalámbrica, echar a andar correctamente algún dispositivo, entre otros. Algunos más se darán cuenta que tienen una marcada habilidad numérica, otros por la redacción, y ciertos más, por el formar equipos con propósito, o ser diestros con las redes sociales.

Algunos verán esas características como simples aficiones o pasatiempos, tomados a la ligera, cuando está comprobado que ese talento innato —engañosamente recreacional— es en donde exactamente la creatividad y la excelencia encuentran el mejor terreno.  Entonces, figúrese como reto imaginarse qué resultaría de esa su habilidad innata, pero potenciada al máximo nivel posible. ¿Cómo podría ser monetizada de una manera tal en que usted no tuviera otra alternativa forzosa que hacerlo? Y esto es supremamente válido, ya que en los tiempos en que vivimos, podríamos hacer muy bien en prepararnos para cambiar oportunamente nuestra forma tradicional de emplearnos.

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El tercer postulado es siempre mantenerse incómodo. Uno constantemente encontrará un modelo a seguir, ya sea una persona o un concepto de negocios que encarna esa visión que deseamos alcanzar. Entonces aquí hay que moverse, estudiar, averiguar, indagar, desmenuzar los factores críticos de éxito de estos referentes conceptuales, para emprender similarmente ese camino; obviamente que en diferentes circunstancias, pero hay que reconocer que a veces la escasez relativa puede significar también oportunidades formidables de negocio —que la mayoría de las veces no vemos— porque estamos cómodamente disfrutando aún de nuestra más reciente planicie de comodidad.

El cuarto postulado es simple: oblíguese. Aun si estuviera sin empleo, una vez que usted pueda delinear el concepto, idea o negocio que se figure, no la abandone; hágase un régimen estricto, establezca un horario y suponga que tiene el peor jefe-ogro que haya conocido, capaz hasta de leer sus pensamientos, y que si él nota que usted divaga mentalmente fuera del propósito que está persiguiendo, puede sufrir una severa amonestación.

Es célebre hoy la foto de un muy joven Jeff Bezos —aún con cierto cabello— en donde luce como un burócrata condenado al tedioso trabajo de escritorio, con una pila enorme de papeles y una computadora vintage, en donde estaba ingresando compulsivamente datos para aquel emprendimiento que hoy es Amazon.  De Bezos —la persona más adinerada del mundo— se vaticina que será el primer verdadero billonario, ya que pronto alcanzará un patrimonio neto de un millón de millones.

Por favor, no descuide su afición, más bien, monetícela.

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Motociclistas y velocidad

Columna Competitividad Empresarial

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina, MEE, MSc.

Director Ejecutivo

Cambio Cultural Consultores

 

Como entrenador profesional de manejo defensivo para motociclistas empresariales —pero más como un motociclista más de toda una vida — estoy muy al pendiente de aprender de los accidentes que con estos versátiles y económicos vehículos acontecen en nuestras calles, carreteras y caminos rurales en Nicaragua, con el fin de obtener lecciones aprendidas y puntos de valor para compartir en cada nuevo seminario para estos operadores.

Un factor que es casi una constante cuando hay un percance de estos, es el hecho comprobado de la velocidad inadecuada para las circunstancias, principalmente, el tema de la velocidad excesiva para las condiciones viales en que ocurrió el evento. Este factor es la causa directa —aunque superficial en todo el entramado de otras complejas causas y factores contribuyentes — pero número uno de los accidentes viales en donde una motocicleta se ve involucrada.

Una de las creencias erróneas típicas de cualquier motociclista es creer con certidumbre que se puede controlar la moto más allá de cierto umbral de velocidad. Esta es una suposición completamente falsa, puesto que a partir de 15 o 20 kph el peso de la moto y la energía cinética o de movimiento generada, hacen que las acciones del motociclista para controlar la aceleración y la fuerza de impacto sean puras ilusiones.

Es importante saber que muy pocos motociclistas están conscientes qué tan rápido viajan.  Si uno les pregunta de una manera imprevista a cualquier motociclista: ¿sabe cuántos metros por segundo recorre su moto a 50 kph?, con frecuencia usted escuchará respuestas erróneas, y hasta tragicómicas, puesto que la mayoría de los motociclistas responderán al azar, o bien, surgirá la naturaleza bizarra desde lo más recóndito de nuestro ADN; la inveterada costumbre de contestar “a la si pego”, respondiendo entonces —apuesto 10 contra 1— algo que será rotundamente equivocado.

Obviamente que usted tendrá que plantearse convertir el kilómetro a metros; y la hora,  a segundos; y el resultado será una simple regla de tres: 13.89 metros por segundo, lo cual es una velocidad técnicamente ingobernable para un movimiento rápido o brusco en que incurra el motociclista en caso de una maniobra evasiva. Simplemente, una maniobra evasiva repentina y radical, a esa velocidad, es muy difícil, -o mejor dicho-, de resultados muy inciertos.

Alguien afirmará: “entonces quiere decir que cualquier velocidad es peligrosa, ¿o no?” —y ciertamente que sí—, pero lo que verdaderamente determinará la probabilidad del accidente serán las condiciones que intervienen en las fracciones de segundo previos al percance.

Tráfico, lluvia, arena, estado de la vía, subidas, bajadas, obstáculos, peatones, piedras, animales en la vía; pero más que todo —las propias expectativas del motociclista— se configurarán para generar factores precursores de accidentes graves y fatales, porque en motocicleta, no hay golpes leves.

Y hay que ser francos también: en algunas ocasiones una velocidad muy lenta para las condiciones del resto del tráfico, puede arriesgar al motociclista a un posicionamiento trágico, puesto que quienes vienen al lado y detrás suyo mantendrán la velocidad aproximada del resto del grupo, por lo cual usted no puede pensar que llevar una velocidad “baja” lo protegerá de las acciones de los demás. Tristemente, no es así.

Si usted circula en una zona en que “los racimos” de vehículos viajan a 60 kph y usted va a 40 kph, muy probablemente en algún momento le puede ocurrir una circunstancia de golpe de alcance, o golpe por detrás, por lo que deberá extremar precauciones, o movilizarse con un posicionamiento defensivo, a la velocidad del racimo o grupo de tráfico predominante, procurando un ángulo de visión de 360 grados.

El otro punto importante sobre el que hay que reflexionar es acerca de la habilidad relativa del motociclista.  Esta es una de las percepciones más engañosas a la que nos enfrentamos. Todo motociclista piensa que tiene habilidades de conducción más altas que las que tiene en realidad. Uno debe estar consciente de esta especie de tara colectiva, en donde uno supone —nuestro cerebro y nuestro errado amor propio nos engañan y nos vencen—, ser más diestro o superior a los demás en términos de habilidades, visión, capacidad de maniobra, experiencia, atención a detalles, entre otras características que nos atribuimos muy desarrolladas; pero esta consideración es más bien un legítimo delirio mental. Uno lo comprueba cuando entrevista o escucha los testimoniales de los motociclistas —los que sobreviven— a un accidente fatal: pensé que no venía tan rápido, apareció de repente, no vi los retrovisores, no estaba consciente de tal o cual aspecto; entre otros.

Uno generalmente no se enfrenta a cada momento situaciones viales que rebasen su habilidad relativa como motociclista, sino que muy eventualmente.  La mayoría de las situaciones cotidianas están por debajo de nuestras habilidades y capacidad de reacción; esto se comprueba con el hecho de que los accidentes no ocurren con tanta frecuencia a un solo individuo; no obstante, es seguro que cuando un evento vial supera o rebasa nuestras capacidades y habilidades relativas —así como las de la misma motocicleta— (el efecto cisne negro, que nada tiene que ver con la película) surgirán entonces problemas de vulnerabilidad no percibida, en donde un accidente que originariamente no era mortal, sí se convierte en una fatalidad porque somos impactados de rebote por otro vehículo detrás nuestro, o proyectados conjuntamente con la motocicleta hacia un objeto fijo, con la débil resistencia de nuestra anatomía.

Piense en la velocidad de crucero con que usted circula en las vías en su motocicleta: ¿50, 60, 70 kph? Algunos se reirán, puesto que sé que piensan en la verdadera velocidad en que conducen y dirán: yo manejo mi moto por carretera a por lo menos a 100 kph.

Ok. Pero ponga atención a lo que sigue.

Entonces le pregunto: ¿cuándo fue la última vez que usted practicó una maniobra evasiva a esa “velocidad de crucero”?  Es posible que usted crea —con un 100 % de posibilidad— que sí tiene toda la habilidad para efectuar esa maniobra evasiva y radical de carácter repentino: girar, frenar, cambiar de rumbo, evadir un obstáculo en la vía, capear un vehículo, otra moto, un peatón, un perro, entre otros.

Pero ese razonamiento suyo puede estar originado únicamente en suposiciones muy heroicas.  Con certeza que si usted no ha practicado de forma consciente -intencionadamente-, sobre cómo realizar una maniobra evasiva radical a la velocidad de crucero, entonces, es probable que usted no tenga esa habilidad específica —tan sencillo como eso— porque simplemente el cerebro humano es una máquina de instrucciones, al igual que una computadora, por lo cual si a la hora que su “software mental” busque la instructiva para que su mente y cuerpo se articulen y se coordinen según lo practicado, entonces si su cerebro no encuentra esa instructiva —de nuevo: porque nunca ha practicado o por falta de práctica— entonces usted se verá obligado a improvisar, lo cual siempre será un resultado al azar; y lo más probable es que la maniobra salga mal y usted se vea en el medio de un accidente serio o fatal. No se engañe, lo más fácil del mundo es pensar en forma optimista; pero los optimistas también fallan irremediablemente.

Otro de los factores que operan como legítimos vicios mentales son nuestras propias expectativas, las cuales, en una gran mayoría, son también muy erróneas.  Veamos las siguientes.

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Primera: todo motociclista supone que “la motocicleta es un vehículo más”; lo cual es un absurdo. Si uno analiza las leyes de la Física, una moto es un vehículo muchísimo menos que liviano, por lo cual suponer que tiene los mismos patrones dinámicos y de estabilidad o equilibrio que un vehículo de cuatro ruedas, es una noción muy imprudente o salvajemente torpe, puesto que la mayoría de los vehículos que circulan en las vías tienen un peso abrumadoramente superior a esta.

Por ejemplo, una Yamaha YBR 125 pesa unas 275 libras con el tanque lleno; compárela ahora con una Hilux que tiene un peso en vacío de unas 4100 libras.  Es decir, la Hilux pesa unas 15 veces más que la YBR, por lo que es un absurdo pensar que “la moto es un vehículo más”; ni en la Física, ni en su posicionamiento defensivo, quien lo diga es alguien quien merece que lo manden a “hacer planas” como en la escuela en que estudió mi generación: !Escriba 500 veces “la moto NO es un vehículo más”!

No hay tal suposición ni expectativa de que la moto “es un vehículo más”; puesto que una colisión en cualquier ángulo, y en especial, un golpe de alcance —por detrás— podría ser mortal, por el peso relativo del vehículo de cuatro ruedas.  La inercia es afectada por la masa directamente, por lo tanto —a mayor masa, mayor inercia— esta es la segunda Ley de Newton, y esta Ley de las aceleraciones dice que: “la aceleración de un cuerpo es directamente proporcional a la magnitud de la fuerza aplicada e inversamente proporcional a la masa del cuerpo”; por lo tanto, un cuerpo de mayor masa siempre desplazará a uno de menor masa. Es por eso que usted tiene que adoptar posturas defensivas y posicionamientos específicos cuando circule en las vías, puesto que su “radar de motociclista” debe estar activado en el nivel más sensible para evitar ser colisionado por cualquier ángulo.

Segunda: lo más sorprendente es la actitud absurda que algunos motociclistas tienen en relación con el supuesto respeto que los demás actores viales deben tener con el motociclista: ¿cuál respeto? Eso es algo que nos han metido absurdamente en nuestras mentes como una expectativa errónea que nos hace bajar la guardia.

Lo que sí hay que entender y tener claro que al automovilista promedio “le valen madre los motociclistas”; es por eso que el papel activo del motociclista de velar por su propia seguridad es en sí una conducta que salva vidas; pero no la creencia absurda que el otro actor vial velará por la seguridad del motociclista. Este es un fenómeno en donde los papeles se invierten ingenuamente, pensando que el automovilista cumplirá con la ley y velará por la seguridad del motociclista. ¡Qué absurdez! !A cuántos motociclistas habrá matado esa creencia absurda!

Es por eso que las guías internacionales de Manejo Defensivo para motociclistas tienen llaves de manejo y pautas específicas de posicionamiento vial; de posturas en la calzada que procuran dejar una ruta de escape en caso de una acción de emergencia.

El problema principal de las legislaciones o las normas de tránsito —y en nuestro país principalmente— es que se asume con ligereza de que todos los vehículos son iguales: que una moto, un carro y un camión, deben todos tener el mismo posicionamiento o ubicación vial, en la superficie de circulación.

En el caso de las motocicletas —debido a su vulnerabilidad inherente— el posicionamiento tiene que ser proactivamente diferente, para poderle hacer frente a las eventualidades de su tamaño y peso relativo, así como su velocidad particular, puesto que la anatomía del motociclista es la verdadera carrocería de la motocicleta, obligando entonces a quien la opera a tomar continuamente un posicionamiento o postura de seguridad, el cual está lejos de ser explicado en las normativas que están destinadas para vehículos de cuatro ruedas. Es por eso la necesidad de brindar capacitación competente alineado con las verdaderas prácticas defensivas internacionales.

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Columna semanal Competitividad Empresarial – 7-agosto-2019

Memorias de El Abarca

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina

Director Ejecutivo Cambio Cultural Consultores

Recuerdo allá en mi primera juventud los paseos de fin de semana en bicicleta; nos íbamos de esa capital hacia una de las provincias cercanas, situada a unos 32 kilómetros. Éramos un alegre grupo de jóvenes, todos entre los 19 y 20 años, quienes nos arriesgábamos en las carreteras, sin mucha reflexión, a pedalear como una distracción y sano deporte a la vez.

No obstante, el viaje tenía otro propósito -el verdadero-, que era explorar lugares de comida típica, esos merenderos escondidos y mágicos que se ubicaban casi de forma secreta o clandestina, debido a su insignificancia, pero que con algunos de ellos, uno desarrollaba esa predilección inmediata, emocional, en donde los atributos de las comidas: sabor, precio, tamaño de las porciones, amabilidad, atención personalizada, eran -en ese orden- los determinantes para que aquellos jóvenes universitarios pudiéramos hacer nuestro propio ránking de los mejores sitios donde ir en nuestras giras, previa votación secreta, en cumplimiento fiel de la más pura tradición de esa nación que, a los extranjeros como yo, nos acogió entre los suyos.

El servicio extraordinario a los clientes

 

Recuerdo que la mayoría de las veces escogíamos El Abarca. Este era una fonda situada a la orilla del camino en el trecho final hacia la cercana provincia central.  El lugar era de apariencia recoleta, muy sencilla; más bien diría una choza grande de maderas rústicas, techo de tejas, de viejas maderas, en donde, singularmente, servían un solo plato: lengua en salsa.

Cualquier palabra pierde fuerza al tratar de rememorar lo que se cocinaba con virtuosismo y maestría en esa recóndita choza.  Era la mejor lengua en salsa roja que pudiera alguien imaginarse; el punto correcto de tersura, consistencia, textura, y a la vez, suavidad en un espeso caldo cuya preparación era una vieja receta familiar.

Conjeturábamos acerca de los ingredientes que ella podría contener, pero don Bolívar su propietario -aquel hombre taciturno y de muy elevada estatura-, aceptaba apenas revelar a regañadientes, que la mantequilla lavada traída de otra provincia cercana, así como los espléndidos tomates de semilla italiana cuore di bue (corazón de buey), cultivados por sus manos, y las lascivas aceitunas que pululaban en ese potaje para reyes, eran la diferencia con cualquier otro preparado similar.

Aquel gigante amable reía casi que forzadamente cuando él mencionaba -no sin un regusto de satisfacción- que el huerto de especias que él cultivaba con su esposa, no lo tenía nadie en la provincia entera- y que eso proporcionaba una diferencia sustancial en lo que allí se ofrecía como su única y ortodoxa propuesta gastronómica.

No podía faltar en El Abarca el acompañamiento de las tortillas hechas de maíz molido acopiado en los alrededores, con el único aderezo que era usado en ese bohío: un chilero hecho de vinagre de plátano, destilado en sacos de yute colgados en las robustas vigas de eucalipto adyacente a la propiedad. Este vinagre era luego hervido con ajo y varias especias, dejado enfriar y reposar macerado con picantes de cayena, cebolla morada -pasada por agua hirviendo solamente por 30 segundos- y luego puesto el frasco asolear por una semana exacta.

investigación y análisis de accidentes

La combinación de los productos de la casa: lengua en salsa, tortillas de maíz verdadero molido y convertido en fragantes tortillas, así como el chilero de manufactura celestial, era en verdad, un producto para los dioses, si es que puedo permitirme esta vana alusión.

Los atributos del sitio -hace ya años desaparecido- fueron elementos de aprendizaje en donde la experiencia de servicio era inigualable, incomparable, insuperable -única-, al margen de cualquier argumentación sobre la humildosa apariencia del lugar.  La disciplina de aquel hombre taciturno configuraba una creación de características grandiosas para su creciente y devota muchedumbre de seguidores.

Obviamente que don Bolívar no era un individuo que tenía un negocio, sino que, él mismo era el negocio andante, por sí y ante sí; toda una marca personal que encarnaba un productoservicio de tan alto poder, que hacía que las preferencias de sus numerosos clientes -en algún sentido también especiales- se mantuvieran inalterables, y que provocaban que un grupo de jóvenes aventureros votaran reiteradamente por hacer ese largo y riesgoso viaje de ida y vuelta en bicicleta, como un tributo a esa gloriosa experiencia de servicio.

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Columna semanal Competitividad Empresarial – 31-julio-2019

Nuevo libro: “Investigación y Análisis de Accidentes Industriales – Un Enfoque de Sistemas”

 

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina

Director Ejecutivo – Cambio Cultural Consultores

 

Este 25 de julio salió a la venta en Amazon.com la tercera obra del autor de esta columna profesional. El volumen de un poco menos de 500 páginas se denomina “Investigación y Análisis de Accidentes Industriales – Un Enfoque de Sistemas”.

 

Este trabajo viene a llenar un vacío notorio en la praxis de los profesionales dedicados a la gestión preventiva dentro de las organizaciones, quienes con frecuencia carecen de una herramienta integral para ejecutar este importante proceso de aprendizaje que surge de las fallas operacionales. 

 

Este libro también está enfocado hacia las gerencias generales de aquellas empresas de alta confiabilidad operativa, cuyo personal trabaja devotamente en prevenir accidentes en sus instalaciones y procesos productivos con altos riesgos inherentes, ya que estos podrían derivar hacia un evento de verdaderas consecuencias catastróficas.

 

La obra comprende el análisis de casos analizados por el autor durante la práctica profesional de casi tres décadas en el campo de la Seguridad Operacional como consultor y capacitador, estableciendo un enfoque práctico vinculado al perfeccionamiento de los sistemas de gestión, que es donde en última instancia radican las causas raíces que eventualmente llegan a convertirse en accidentes.

 

También se incluyen algunos casos emblemáticos, referenciales, que son desmenuzados para identificar ese entramado de causas directas, factores contribuyentes y causas raíces, atribuibles a imperfecciones o falta de consistencia y desarrollo de los sistemas de gestión de la organización. 

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Es importante mencionar que cuando se alude a los sistemas de gestión, esto no necesariamente implica la configuración específica de los lineamientos ISO u otras familias de sistemas, sino que se refiere extensivamente a los propios sistemas organizacionales, los cuales siempre existen en este tipo de empresas, aún cuando carezcan de una denominación específica.

 

El libro -además del enfoque propio y las aportaciones académicas y práctica de su autor- provee un recorrido a través de los postulados de los scholars actuales más reconocidos, como Sidney Dekker, James Reason, Charles Perrow, Diane Vaughan, entre otros, para entender la fenomenología y la explicación de las conductas inconvenientes para exponerlas e identificar oportunamente, no solamente el ¿qué ocurrió?, sino también, ¿qué acciones correctivas sistémicas se requieren ahora para que el percance no vuelva a suceder?

 

Otra pieza de conocimiento es  la identificación de algunas enfermedades organizacionales tales como la deriva práctica, la normalización de las desviaciones, el síndrome de la operación imaginada, y los fenómeno de los “gatopardos de Seguridad”, como aquellas actuaciones que supuestamente se hacen para prevenir un accidente, pero paradójicamente, más bien potencian su probabilidad.

 

Se abordan también enfoques sobre casos en los cuales la autocomplacencia, la soberbia organizacional, así como el modelamiento inadecuado de conductas, promueven de una forma consciente -pero lamentablemente también de una manera consciente algunas veces-, este tipo de comportamientos que originan accidentes irreversibles.

investigación y análisis de accidentes

Previamente a este tipo de percances, siempre existen indicios previos -a veces sutiles; otras muy obvios- que hacen que la organización como un todo vaya derivando hacia una degradación de los procedimientos que suplantan la realidad operacional, constituyéndose entonces en las nuevas prácticas aceptadas, las cuales conllevan desviaciones -en algunos casos muy graves- que contribuyen a la ruptura de los límites operacionales tolerados.

 

Se analiza también la Teoría de la Complejidad, entre otras, en donde se identifican los patrones de conducta que deben tenerse en cuenta para no encarrilar sutilmente a la organización en esos esquemas de negación, de rechazo a toda realidad fuera de los límites organizacionales; por miedo a descubrir que lo que en realidad se está practicando internamente son “fetiches de seguridad”, tales como culto a los números, miedo a revisiones y auditorías independientes, entre otras fenomenologías por las cuales han transitado diversas organizaciones que han experimentado accidentes trágicos.

 

Este trabajo tiene como objetivo no solamente presentar métodos de análisis profundos de causas raíces, los cuales son revisados en detalle -tales como son-, sino que enfatizar el carácter preventivo de la gestión de HSE, señalando los pasos para conducir íntegramente un proceso profesional de investigación y análisis de accidentes, libre de sesgos atributivos, eliminando así la búsqueda de culpables y fenómenos anómalos como achacar la responsabilidad de las deficiencias al personal de HSE, cuando más bien es carencia de entendimiento de las responsabilidades de la propia línea funcional.

 

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