El templo del café en Managua

Heberto Arturo Rivas, gerente propietario del Specialty Coffe Shop Café DeLaFinca, no es solamente un gran visionario, sino un emprendedor quien trabaja fervorosamente con la pasión más grande que puede uno encontrarse en una vida con un propósito bien definido: preparar y servir impecablemente el mejor café de Nicaragua.

Le visité recientemente, y tengo que decir, que no solamente me impresionó su agradable y magnífica cafetería —la cual tiene integrada en su parte posterior todo un proceso de manufactura y torrefacción de café—sino que me brindó una cátedra gratuita de cuánto se puede aprender positivamente de los valores humanos y empresariales, cuando estos se vinculan y se enfocan para alcanzar una meta valiosa.

Los sueños son la materia prima de la realidad, y Heberto nos ha enseñado hoy que a estos solamente hay que adicionarles trabajo duro, persistencia, una gran dosis de actitud experimental y una constante mentalidad de aprendizaje.

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Cuando uno ingresa a esta acogedora cafetería, localizada en el costado Sur del parque capitalino de El Dorado, uno siente que está entrando a un lugar mágico —no solamente por el nivel tan excelso de la calidad del café que aquí se puede degustar, por los aromas que de inmediato le transportan a uno a lugares y experiencias felices—, sino porque a uno le anticipa agradablemente el proceso de decisión, el cual a veces es difícil al observar diversas variedades tan exóticas que uno ve desfilar hacia las mesas, tal cual una pasarela interminable de creatividad, que como obras de arte efímeras, son servidas con mucho esmero a los clientes.

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Torta de buñuelo: una creación innovadora de sabor 100 % nicaragüense.

Las creaciones de café son preparadas irreprochablemente manejando un proceso de exigencia extrema de control de calidad, desde la siembra de los granos hasta la taza, en un negocio que está integrado y articulado verticalmente en todo su proceso producción, manufactura, exportación, distribución y consumo -y como si esto fuera poco- los cafés de sus fincas han ganado reiteradamente numerosos premios nacionales, lo cual le da a Heberto la estatura moral para prometer y cumplir con soltura su promesa de servicio: servir el mejor café que puede disfrutarse en Nicaragua entera.

Pero este exitoso emprendedor va todavía más allá: es también el propietario-gerente que atiende con devoción a cada uno de sus visitantes, no solamente para brindarles la mejor experiencia de servicio, sino también para que, por medio de una visita a su planta productiva localizada en el mismo sitio, puedan así convertirse en testigos del proceso tan exhaustivamente meticuloso que aplica para seleccionar cada uno de los granos, los cuales darán un sabor tan único para el paladar de sus clientes.

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Los cafés de Café DeLaFinca han ganado numerosos premios por su elevada calidad.

Como consultor y capacitador, siempre estoy interesado a nivel personal por las experiencias exitosas de los emprendedores de nuestro país, pero mucho más, en la suprema confianza que siento en que nuestra nación tiene los mejores recursos para alcanzar la grandeza de la patria que soñó nuestro Rubén Darío, y que hoy, con mucho cariño quiero destacar el grado de dedicación con el cual este exitoso emprendedor, ha llegado a convertirse en un formidable ejemplo para quienes desean convertir una idea comercial, hasta llegar a constituirla en un negocio funcional, rentable y en franco crecimiento.

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Bebidas preparadas de la pulpa seca del café: son una experiencia que impacta el paladar.

Personalmente, como amante del buen café y cliente habitual de estos sitios dentro y fuera del país, afirmo que visitar Café DeLaFinca es entrar en una atmósfera que evoca una liturgia o experiencia religiosa, sensación que cual uno la comprueba al interactuar con el personal y ver en vivo, como en un laboratorio, de cómo son preparadas las bebidas siguiendo los más estrictos procedimientos de calidad y de minuciosidad en todos los pasos.

Hablar con Heberto es como leer e interactuar con una enciclopedia andante del café, alguien quien posee una pasión por esta bebida y sus secretos, pero llevado a niveles de virtuosismo. Tengo que decir que él me recuerda a un joven Howard Schultz —fundador y ex CEO de Starbucks— pero revestido de una humildad y un alto sentido del servicio, que uno no pensaría que este multifacético personaje pueda conocer tan magistralmente de un negocio, lo cual ha logrado al involucrarse de lleno en diversas actividades en las cuales se requiere ciencia, maestría, pero, sobre todo, paciencia, así como una dosis de pasión infinita.

El lugar me parece como un pedazo de Buenos Aires en sus cafés-boutiques de cualquier esquina de para mí, de esa otra mi amada ciudad; me evoca también un poco a un típico café de Madrid trasplantado a Managua. Un sitio perfecto para las citas de negocios, para distraerse, para escribir, para trabajar, para ocuparse, o bien, para citarse con amistades o con quien corresponda, o, en fin, para hacer una parada técnica, una pausa vivencial, y reflexionar que en la vida, el trabajo continuado así como los paréntesis oportunos tienen igual importancia en la productividad y resultados del individuo.

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—El café es como el vino, cada cosecha es única— afirma Heberto con un aire filosófico— Ninguna cosecha es igual a otra, todas tienen sus propias particularidades— remata su frase este hombre con un hablar pausado pero profundo.

—Las combinaciones de lluvia, de clima, las características del suelo, entre otros factores, dan origen a combinaciones muy particulares, las cuales se conjugan produciendo calidades reconocidas por los paladares exigentes— manifiesta como un conocedor que es en los trabajos que requiere esta industria.

La ocupación de ser un maestro en este oficio es muy difícil de dominar por los detalles científico-artísticos que involucra, sobre todo, para aquellos que están conscientes que una de las claves es conocer minuciosamente los secretos de su producción y procesamiento, para que los clientes conocedores y más exigentes, sepan que no están frente a un aficionado, sino frente a un verdadero conocedor. Aquí la credibilidad y el conocimiento son factores imprescindibles.

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En relación con la cosecha de este año, Heberto manifiesta una alegría muy evidente:

—Las uvas de café fueron bien formadas, hermosas. Me siento orgulloso porque tenemos unas líneas de café que, hoy en día, no le envidiamos absolutamente nada a cualquier país. Aquí en las tierras de Nicaragua se conjugan una serie de factores que son verdaderamente únicos, así surgen los tonos que hacen de un café con una formulación determinada, una bebida singular, única. Los factores que inciden en una cosecha son impresionantemente complejos. Tenemos aquí con frecuencia algunos “nano-lotes”, es decir, pequeños lotes de 30 libras que tienen los marcadores más altos de calidad— finaliza con orgullo mostrando una estiba con de sacos con los valiosos granos, sobre los cuales hay unos apuntes sobre sus características y descriptores de sabor.

Añade que la descripción de los tonos frecuentemente se vuelve poesía. Como un ejemplo: “fragancias de fresas maduras, uvas enteras de café, sabores a ciruelas y maracuyá con cuerpo balanceado y duradero”. No hay duda de que estos términos son poesías en sí mismas, pero no solamente a la lectura, sino que también al resto de los sentidos.

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Manifiesta que “de 15 lotes que tuvimos en la finca, ocho fueron exóticos, con notas bien marcadas. Las cataciones también están bien altas este año. Se conjugan en nuestras fincas una serie de factores que son únicos”.

No tengo la menor duda que Heberto es un devoto de la calidad, no solamente alguien comprometido enteramente con su negocio, sino también con la atención extraordinaria a sus clientes.

Personalmente, no he visto un lugar donde existan más artefactos y aparatos de barismo que estén integrados en forma tan maravillosamente armónica como aquí. Es también notorio el balance perfecto de intimidad dentro de un sitio tan acogedor, escondido en este pacífico vecindario capitalino.

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Su ubicación contrasta con los ambientes tan públicos de las cafeterías masificadas que uno puede encontrarse en la ciudad, en donde la privacidad indudablemente que se extinguió hace años, sobre todo, en aquellos espacios impersonales dentro de los grandes centros comerciales, o bien, en lugares tan iguales entre sí, en donde no se puede obtener una experiencia personalizada. Es por eso por lo que Café DeLaFinca se destaca ante cualquier otra propuesta de servicio como un sitio verdaderamente apartado del común denominador del concepto tradicional de cafetería.

Es refrescante saber que en Café DelaFinca la privacidad es un factor muy valioso, cuyo búsqueda ha sido arquitecturada muy intencionalmente, ya que en otras propuestas comerciales esta se ha perdido irremediablemente con la masificación a fotocopia de los ambientes de cafeterías, que más bien son locales de “café rápido”, equivalentes a establecimientos de la llamada “comida rápida”, desprovistas de cualquier singularidad o personalización.

Heberto reseña que: «Mi bisabuelo comenzó el negocio de café en 1892. El café en la familia, como ocupación, está por llegar a los 130 años, siendo que ahora nos hemos integrado desde la producción, hacia la comercialización en forma vertical hacia adelante».

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Heberto en su planta procesadora en donde selecciona los mejores granos para sus clientes.

Observé que en este sitio recalan no solamente los degustadores más exigentes del café de Nicaragua, entre destacadas personalidades de la vida nacional, sino también extranjeros que vienen aquí buscando referencias de un café distinto al de las similaridades comerciales.

Para algunos visitantes extranjeros, la propuesta del sitio tiene ya una fama de calidad que ha sobrepasado las fronteras. El lugar es espléndido al contar con un espacio agradable para trabajar alternativamente como oficina, sino también para distraerse con las oportunidades para entablar conversaciones relevantes con personas a quienes la afición y devoción por el café, los une y los hermana —sin exageraciones— en una verdadera religión por esta bebida planetaria.

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Los postres tienen también sublimes ingredientes basados en esa bendición llamada café.

Entrevistar a Heberto en su quehacer habitual cuando éste atiende a los clientes, exige también que el entrevistador sea muy dinámico, puesto que es alguien quien se desplaza febrilmente por todas las mesas, velando porque sus clientes estén satisfechos a más no poder, verificando que el personal mantenga la sincronización y la secuencia correcta del servicio, entre otros detalles, así como aquellos secretos del oficio, los cuales apenas los intuyo, llegando a entender que Heberto dirige instrucciones precisas hasta con la mirada.

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La maquinaria moderna que posee Café DeLaFinca permite articular cualquier tipo de demanda de variedades que requieran los clientes.

En este espacio se manufacturan no solamente los mejores cafés que provienen de las haciendas propias de Heberto, sino también que se cuenta con un repertorio de verdaderas obras de arte expresadas en bebidas innovadoras de diferentes variantes, las cuales son realmente inéditas.

Además de probar varios soberbios cafés de cosechas únicas, también tuve la experiencia de degustar el té de pulpa seca de café; fue simplemente una bebida tan vigorosa, pero, a la vez de tanta delicadeza, que considero que una vez que uno la toma, se vuelve un aficionado inmediato. Nunca pensé que la pulpa de café —por supuesto que procesada y secada bajo un método propio que ha surgido de la mente creadora de Heberto— pudiera convertirse en algo tan excelso al paladar. La recomiendo al 100 %.

Heberto, ¿cuál es el factor crítico de éxito de Café DeLaFinca?

Es la atención personalizada en la formulación de los cafés. Ningún otro establecimiento toma en cuenta a los clientes a como lo hacemos nosotros. Aquí vienen personas quienes, técnicamente, nos desarman las bebidas, son quienes te dicen, ponémele cuatro de edulcorante a mi limonada, ponémele tanto de cacao a tal bebida, hacéme la receta tal, o servímelo a como me gusta siempre, entre otros pedidos personalizados, al gusto específico del cliente.

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Los baristas de Café DeLaFinca son artistas consumados de su oficio.

Por ejemplo, la forma en que los frappucinos son preparados en las otras cafeterías, siguen un proceso totalmente comercial: se elaboran unas premezclas en las que usan leche en polvo, café extraído, entre otros ingredientes, a las cuales le añaden mucha azúcar y hacen de allí una mezcla bastante dulce. Entonces, agarran esa combinación y le añaden café, y listo, al instante, te dicen que ya tenés un frappuccino. No. Por favor, no. Aquí jamás caeremos en ese tipo de formulaciones de bebidas masificadas, extremamente comerciales, sino que preparamos cada café en forma única, siempre igual que la primera vez, sin tomar atajos, porque nuestro público no es de masas, nuestros clientes son conocedores; vienen a nuestro lugar a probar el mejor café de Nicaragua, e independientemente de la forma en que ellos lo ordenen, siempre se le dará la mejor de las calidades. La particularidad de personalización es imposible con el modelo de servicio de los negocios masivos.

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¿Cuál es tu filosofía de servicio?

“Mi filosofía acerca de los clientes es muy simple: “El café se le tiene que servir a como usted lo pida, no a como yo digo”. Esto significa que cuando los clientes vienen y ordenan, por ejemplo, un café negro, aquí primero le preguntamos cómo lo quiere, si suave, medio o intenso, o bien, si lo quiere muy suavecito. Queremos adaptar el café completamente al gusto del cliente. Si queremos que la cultura del café florezca y crezca en Nicaragua, tenemos que hacerlo asimilable para el gusto de cada uno de los clientes. Esa es la forma para que la gente se enamore del buen café. No puede ser algo estándar.

Si yo preparo fuerte el café para todo el mundo, estaríamos interpretando peligrosamente los gustos personales, los cuales, por definición, son siempre bien particulares. Cada cliente es único, y consecuentemente, aquí en Café DeLaFinca no caemos en ese tratamiento masificado de los clientes. Nunca perdemos de vista que otro de nuestros objetivos centrales es promover el buen café nicaragüense.

Dentro de ese esquema de personalización, otros clientes te dicen: “no me lo dés muy caliente”. Es por eso por lo que siempre le preguntamos sus preferencias para individualizar el café. Le preguntamos, además, qué tipo de leche prefiere: deslactosada, entera, cruda, o cualquier otra variante.

Aquí han venido unos extranjeros que piden capuchinos y ellos mismos nos preguntan cuánto le ponemos de café; le decimos que son 1.5 ml, pero de inmediato te dicen: “no, quiero uno con 6 ml”. Este tipo de personalización es imposible en otro lado, en las cafeterías con enfoque masivos. Eso nos hace totalmente diferentes.

Aquí tenemos un ejemplo vivo: ¿ve usted a aquel cliente que está allá al extremo del salón? Es un prestigioso doctor, un cardiólogo muy importante de un reconocido hospital capitalino. A él siempre le preguntamos cómo quiere su café, pues siempre seguimos sus instrucciones precisas. Por ejemplo, hoy nos ha dicho: “voy para una operación, así que preparáme uno bien intenso que tengo que ir bien recargado”. Imagínese, que, a una taza de 12 onzas, ¡le pusimos 5 ml de espresso! Trabajamos con base en las instructivas del cliente educado, del conocedor, de aquel que sabe perfectamente qué quiere tomar y cómo ordenarlo. Esto es un factor de diferenciación absoluto en relación con la competencia.

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Hay mucha poesía, ritmo y cadencia en la descripción de los tonos de sabor de un café.

Le cumplimos en darle la bebida a como él la pide. Esta es una premisa fundamental para que el cliente eventual se vuelva habitual en nuestro sitio, y que repita su visita. Este factor nos ha dado resultados extraordinarios”.

¿Entonces atiendes solamente a un pequeño nicho de mercado?

“Tal vez únicamente desde el punto de vista del perfil de los conocedores, pero también atendemos eventos corporativos de empresas que ya nos conocen; aquí en este nuestro sitio usted puede hacer previa reserva del local para un acontecimiento ejecutivo. Esto es una característica muy importante porque, aunque nuestro sitio es limitado en escala, también somos muy versátiles para atender a nuestros clientes aquí y también en las instalaciones de las empresas de donde nos llamen. Tenemos todo tipo de servicio corporativo de lo que brindamos en este local”.

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¿Entonces la personalización es uno de los factores de mayor diferenciación?

“Exactamente. Por eso es imprescindible conocer a quienes nos visitan. Por ejemplo, aquel otro cliente habitual es fanático de un café que nosotros producimos, por medio de un proceso de fermentación propio, al que le llamamos viñedo. Es un método desarrollado por nosotros en el que utilizamos una maceración carbónica, al estilo del vino. Este cliente, así como otros que ya conocen de ese nuestro proceso especial de fermentación, piden reiteradamente su café bajo esa modalidad. Es importante saber que este cliente aquí presente es absolutamente constante en lo que pide, así que nos sentimos complacidos en poderle dar lo que él ordena cada vez que nos visita. Eso nadie lo puede hacer en el país”.

Uno de los aspectos más agradables que experimenté es visitar las instalaciones de manufactura o torrefacción que tiene Café DeLaFinca en el propio sitio de la cafetería. Cuando los clientes son nuevos, Heberto los invita a un tour y observar cómo procesan el café, a ver los “micro-lotes”, los “nano-lotes”, las maquinarias y las muy diversas variedades de tostado, tales como la línea de tueste Cerro Negro, así como la de San Juan de Río Coco, entre otros métodos.

No me queda la menor duda que Heberto Rivas es no solamente un gran visionario —alguien quien está en la cresta de la ola de dar a conocer el mejor café de Nicaragua— sino que está haciendo una cruzada por hacer del café nicaragüense una bebida que posicione y afirme el conocimiento de los excelentes granos que se producen en país, de lo cual coincido plenamente con él, que no tiene nada que envidiarles a los mejores cafés del mundo.

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Heberto nos narra de cómo se inició en este negocio: “Mi bisabuelo comenzó en 1892 y mi abuelo continuó con la tradición familiar. Mi mamá heredó la parte que le dejó mi abuelo, y ella a su vez, me heredó una pequeña área de una finca, la cual tomé para trabajarla y producir desde muy joven. Ellos —mis padres— aún se dedican a producir café. Tienen un comprador que les adquiere la producción desde California y otro en Taiwán. Yo nunca quise meterme a criar ganado, ni criar cerdos, porque tendría que venderlos en porciones. Para mí el café me ha apasionado de toda la vida, por lo que sería un sacrilegio vender a granel este valioso producto; equivalente a vender tierra o arena, o colocar un producto de bajo valor agregado. Para mí lo consideraría un gran pecado darle ese destino a una materia prima tan noble y valiosa.

Nosotros —mi esposa y yo— empezamos a producir café tostado de nuestras haciendas; comenzamos con un lote de 30 libras, las cuales las tostamos y las vendíamos en la kermesse (feria) que antes hacían aquí en Don Bosco. Aquí también en esta misma casa empezamos a vender el café tostado por libra. Los clientes tocaban el portón, y típicamente nos compraban una libra de café tostado.

Ya como cafetería, comenzamos con mi esposa en 2012. Como dije, era un hecho que siempre hemos producido café como agricultores y procesadores, pero constantemente anduve con la espinita de poner una cafetería, pero a veces el miedo es un factor limitante, el cual, aunque no podemos evitarlo, sí debemos manejarlo para que no nos abrume.

Fue hasta hace tres años y cinco meses que decidimos abrir esta cafetería. Algunos conocidos nuestros nos dijeron: “no la pongás aquí en El Dorado, que nadie va a venir”. A pesar de eso, entonces decidimos hacerla en nuestra casa; porque lo que aquí había era un garaje donde metíamos un carro, estaba un portón, pero no más que eso. Aquí pusimos varias cosas que no utilizábamos, tales como ciertos adornos. Toda la decoración ha venido de artículos que hemos tenido en la casa. Poco después empezamos con mi esposa a conseguir varios objetos de industria del café. Me siento feliz de haber roto el paradigma de que este era un lugar supuestamente no apto para una cafetería, y ya ve, que la gente viene aquí de todos los lugares.

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Dos variedades que he adquirido y puedo atestiguar de su excelencia: Java y Maragogype.

Veo que tienes varias máquinas y aparatos de barismo profesional…

“Efectivamente, tenemos desplegadas varias máquinas modernas, pero otras también que son memorabilia o piezas de la historia. Allí ve usted una despulpadora miniatura que me la regaló un tío que vive en Estados Unidos. Él se la encontró en una venta de garaje o venta de patio. Para ser exactos, él me hizo dos regalos: uno fue esta maquinita despulpadora; el otro fue este libro titulado “La Biblia del Café”, de donde mi esposa y yo al principio del negocio, tomamos como base las recetas tradicionales, pero a las cuales ya a estas alturas, le hemos efectuado modificaciones e innovaciones creativas para que puedan tener un sabor original.

Debo decir que esos dos regalos de mi tío me dieron un gran impulso y una certidumbre de que estábamos en el camino correcto, porque cuando a uno lo seduce una pasión por un oficio o un arte, el universo facilita y se configura para que podamos hacer las cosas con más ánimo y alcanzar todo nuestro potencial.

Le decía entonces que aplicamos ese libro de “La Biblia del Café”, y mi esposa y yo empezamos con mucha disciplina a preparar las recetas para incorporarlas en un menú. Probábamos varias versiones, hasta que nos daba el punto exacto de la bebida, y a partir de allí, efectuamos variaciones propias sobre muchas de ellas, las cuales son ahora habituales en nuestro menú y han conquistado las preferencias de los clientes, es decir, aquí hay recetas originales, internacionales, pero, sobre todo, también propuestas fusión que hemos incorporado como creaciones propias, siempre con el mejor café e ingredientes autóctonos nicaragüenses”.

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Le pregunto a Heberto sobre una extraña y sofisticada maquinaria de vidrio y metal que parece un concepto muy futurista, como sacada de una película de ciencia-ficción. Él me responde son su tono magistral y pausado:

“Esta máquina que ve aquí se llama El Dragón. Fue inventada por Karl Carmichael, en EE. UU., solamente se hicieron 500 de ellas. Esta es la 451, número que está grabado aquí mismo en la propia carcasa del aparato. Este dispositivo es un avanzado dispositivo para preparar café, que el inventor desarrolló con una técnica por él patentada, el cual usaba religiosamente para su café de la mañana. Era él alguien muy exigente en verdad. Lo que hace el aparato es absorber mecánicamente el agua a través de un succionador, haciéndolo pasar a través de un tamiz en donde el café reposa. Este aparato costó hace años nada menos que 500 dólares, aunque hoy es un artículo de colección en EE. UU., por lo cual su valor sea probablemente varias veces superior. Lo usamos también en una ocasión durante una competencia nacional de barismo, y la cual ganamos. Obviamente que tuvo que ver el tipo de café que usamos, por lo cual es importante tener en mente que la tecnología siempre puede ayudar, pero lo fundamental y decisivo es la calidad y nobleza del café que producimos. La tecnología es solamente un factor de potenciamiento de un buen producto desde el grano”.

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Los negocios más fabulosos y perdurables se han decidido en una cafetería.

Ya próximo a la despedida, Heberto me dice amablemente que a él le interesa crear clientes para el largo plazo, no clientes ocasionales. Manifiesta que el perfil de los visitantes a su negocio es aquel que aprecia no solamente el mejor café —calidad, variedades y preparación— sino que también concurren al sitio por el hecho de tener una atención personalizada, en donde es algo normal que el propio gerente-propietario te atienda amablemente, y nos brinda un detalle increíble como clave de servicio: que hay que tener una memoria tan prodigiosa para siempre dirigirse a cada cliente conocido con su propio nombre. Este es un factor que verdaderamente impresiona por el sentido de propósito, devoción y respeto hacia sus clientes.

Desde mi perspectiva, el sitio contrasta positivamente con el trato que se brinda a la clientela en otras cafeterías masivas, en donde frecuentemente la experiencia de servicio es tan impersonal como insignificante, y no inusualmente, muy triste. Algo que noté con agrado en Café DeLaFinca es que usted como cliente siempre puede hacer contacto visual inmediato con quien le atienda. A diferencia de otros sitios, la atención del personal es amable, enfocada y orientada hacia los detalles.

En otras cafeterías masivas el servicio puede ser tan descuidado que a veces uno tiene que repetirle la orden a quien le atiende; recordarle que ya le pediste la cuenta, o bien, levantarse uno mismo para ir a pagar a la caja, porque el procesamiento se está tardando demasiado, y hoy día, todos andamos muy a prisa —como es lo usual—.

Otra de las situaciones en las cafeterías tradicionales que al cliente lo enerva al máximo es el hecho de que los que te atienden, premeditadamente, no hacen contacto visual con los clientes que están sentados fuera de la zona que les corresponde atender, hecho absurdo que afecta a los clientes, causando en cada uno de ellos un efecto de frustración, cólera y queja, siendo imposible para alguien entonces hacer una vinculación emocional con el negocio. Es por eso también, que los negocios pierden a sus clientes cuando estos encuentran un lugar en donde las propuestas de servicio están supervisadas en detalle por el propietario del negocio.

Para finalizar, le pregunté a Heberto que cuál sería la motivación que tendría un cliente al visitar Specialty Coffee Shop DeLaFinca, a lo cual me respondió con un par de piezas dignas de una cátedra empresarial en una escuela de negocios:

“Primera: nuestra especialidad es café. Somos especialistas en el mejor café. El cliente viene aquí a tomar el café de mayor excelencia producido en Nicaragua, así como las diferentes variedades de café de máxima calidad, tal y cual el cliente lo prefiera que le sea preparado. Tenemos la habilidad y experiencia para formular los cafés en la forma más personalizada que el cliente desee.

Segunda: Nuestra atención es enteramente personalizada. Nosotros en realidad no vendemos café, vendemos experiencias”.

Le pregunto entonces: “Si yo le dijera a un cliente, vamos a tu establecimiento”, ¿cuál sería entonces la promesa de servicio que le puedo asegurar va a obtener aquí?”

Heberto contesta de inmediato, sin dudas, sin vacilaciones:

“Que cuando salga de aquí él no va a ser el mismo que entró, en lo correspondiente a la apreciación de la bebida de café, en el aumento de su cultura y conocimiento sobre el café; ya no va a hablar de la misma forma sobre el café, con certeza que va a haber un antes y un después de habernos visitado”.

Desde Cambio Cultural Consultores, agradecemos a Heberto Rivas y a su valioso personal por la oportunidad de haber podido aprender y apreciar los detalles de un oficio y profesión que son equivalentes a un magisterio, a un arte refinado, a una verdadera ingeniería de procesos. En Cambio Cultural Consultores, admiramos y nos encanta divulgar gratuitamente los emprendimientos exitosos que generan valor para nuestro país, pero sobre todo, deseamos poner en perspectiva los esfuerzos —frecuentemente desconocidos o ignorados— de esos héroes que fundan emprendimientos y hacen crecer empresas, y que con su trabajo creador realizan también el sueño de tantos individuos y familias para que puedan también superarse honestamente. Creemos firmemente que crear valor con los recursos que produce nuestro país, generando riquezas basadas en la ética empresarial, brindar oportunidades justas -no solamente a través de empleos, sino también, del desarrollo de negocios exitosos- es la forma más efectiva y garantizada para construir esa patria grande que tanto soñó nuestro Rubén Darío.

A todos, muchas gracias.

Lic. Carlos-Romano Flores Molina, MEE, MSc.

Director Ejecutivo

direccion@cambiocultural.net | (505) 8561-2987 | 2279-7076

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