Columna semanal Competitividad Empresarial – 27-febrero-2019

Casi-accidentes y aprendizaje

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina, MEE, MSc.

Director Ejecutivo Cambio Cultural Consultores – Managua, Nicaragua

Es impactante ver cuántas empresas desperdician las lecciones potenciales que tienen los casi-accidentes, es decir, aquellos eventos que, por una razón u otra, no terminaron en un verdadero accidente con pérdida, como una muerte, una lesión o impacto a los activos de la compañía. Los casi-accidentes son consistentemente la forma más barata e inteligente que tiene una empresa para identificar mejoras a sus procesos y sistemas gerenciales.

Veamos un ejemplo: Usted señor empresario posee una flota de vehículos con un pobre desempeño de seguridad vial, traducido en frecuentes accidentes serios —con lesión y/o daño a los equipos—, días de incapacidad, procesos legales, elevados gastos imprevistos, entre otras consecuencias adversas.

Si usted no establece un proceso para que el mismo personal pueda reportar las pequeñas acciones u omisiones que producen un casi-choque o un casi-daño, será entonces muy difícil que usted pueda controlar efectivamente el problema de la accidentalidad en su compañía. Los casi-accidentes brindan alertas tempranas sobre la cadena de causación de estos percances, indicando dónde hacer los ajustes correspondientes en los sistemas gerenciales específicos.

Copia de MÉTODOS AVANZADOS DE INVESTIGACIÓN Y ANÁLISIS DE ACCIDENTES INDUSTRIALES

Aprovechar las lecciones aprendidas de los casi-accidentes no va a ser de la noche a la mañana. Primero que todo, se debe crear una cultura adecuada. La alta dirección de la empresa debe creer genuinamente en que se tiene esa necesidad urgente, para después convencer al resto del personal. Si la gerencia no cree en la autenticidad del valor prevención, entonces será imposible convencer al equipo humano sobre la necesidad de reportar casi-accidentes.

Al personal se le debe comunicar claramente cuáles son las expectativas de aprendizaje del reporte de estas situaciones.  Los accidentes con pérdidas —así como los casi-accidentes sin consecuencias—, tienen idénticas causas raíces, por lo cual, lo más inteligente es investigar éstos como lo que verdaderamente son: tesoros de aprendizaje.

La mayoría de las empresas —aun aquellas que presumen de su supuesto buen récord de seguridad— encuentran problemas serios en hacer que su personal produzca reportes de casi-accidentes, cayendo entonces en ese espejismo de suponer que “todo está yendo bien porque no se reporta nada malo”; error grave, puesto que los casi-accidentes acontecen en solitario, sin testigos, sin rastro, enfrentados únicamente con nuestra conciencia y valores personales.

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Debe haber previamente un convencimiento pleno que como gerencia estamos persiguiendo algo valioso para toda la organización. Luego, se deben establecer mecanismos procedimentalmente ágiles y sencillos —sin represión, sin censura— para que el personal se sienta libre de reportar estos casos.

Hay medidas creativas para estimular este reporte de situaciones, teniendo la gerencia que asumir este proceso en el contexto de una experiencia de servicio para los clientes —en este caso, los colaboradores— quienes, si no perciben que esto tenga algún valor agregado, o utilidad personal, no continuarán produciendo estos reportes.

Muchas organizaciones desmotivan gravemente —consciente o inconscientemente— al personal sancionando a alguno cuando un casi-accidente es reportado y resulta ser que fue un verdadero accidente con pérdida. Recurrir a la disciplina o al despido producirá terror y confusión en la empleomanía, haciendo que cada uno se autocensure y se pierdan valiosas oportunidades de aprender.

Otro de los factores que causa desmotivación es el hecho de poner al individuo que genuinamente quiera contribuir a la causa, frente a lo que más puede aterrar a una persona: una hoja en blanco, o bien, un formulario extenso y engorroso “mata pasiones”, que acaba en el acto con las heroicas ganas iniciales de reportar.

También las entrevistas comprometedoras, la eventual exposición al ridículo con el resto de los colegas —así como con terceros— incluyendo el probable etiquetamiento como “menos inteligente”, entre otras sanciones morales sutiles o abiertas, son elementos disuasivos para reportar casi-accidentes.

Hoy algunas empresas poseen medios tecnológicos ágiles para que el personal reporte los casi-accidentes: más imágenes, más formatos predefinidos diligenciables a través de celular, pero, sobre todo, con la opción de reportar anónimamente, ya que esto hace más atractivo el compartir aprendizajes, sin preguntar de quién ni de dónde surgió la voluntad de hacerlo.

Los factores de causación que pueden ser identificados a través de los casi-accidentes tienen un elevado valor predictivo. Es tomarle una radiografía a la forma en que estamos gestionando una verdadera cultura preventiva en la empresa.

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Escríbanos, nos encantaría entrar en contacto, así como poderles ser útiles en sus consultas, inquietudes y dudas sobre los temas abordados.

 

 

 

 

Entrevista en CDNN23 – Con Lic. Plinio Suárez García 26 febrero 2019

Mi agradecimiento al Canal de Noticias de Nicaragua (CDNN23) y en especial al Lic. Plinio Suárez por la entrevista realizada a mi persona en ocasión del lanzamiento de mi más reciente publicación “La Organización Clientocéntrica – El Servicio Extraordinario a los Clientes como Estrategia Competitiva”.

Agradezco también en forma muy especial al Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE) por la oportunidad de colaborar en su gran esfuerzo por mejorar la formación y el talento del tejido empresarial emprendedor y PyME.

 

Mi agradecimiento a INDE por la publicación de mi opinión en su Boletín No. 146. (20-febrero-2019)

Mi más profundo agradecimiento al Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE) por la publicación de mi mensaje en su boletín periódico No. 146.  INDE realiza una labor muy encomiable por el desarrollo de las PyME en Nicaragua.

Adjunto abajo el boletín completo para descarga en pdf.  

Saludos cordiales,

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Columna semanal Competitividad Empresarial: Tragedia Minera 20-feb-2019

Tragedia minera

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina, MEE, MSc.

Director Ejecutivo Cambio Cultural – Managua, Nicaragua

(Esta columna es publicada semanalmente en la edición electrónica del diario La Prensa de Nicaragua)

El 26 de enero reciente quedará como una fecha terrible para tantas familias, principalmente las de los empleados del complejo minero de Brumadinho, en Minas Gerais, Brasil, cuando una gigantesca represa compuesta de lodo tóxico con sobrantes del proceso de minería de hierro colapsó, enterrando vivas a 166 personas con identidades confirmadas, más otras 200 desaparecidas –eufemismo de fallecidos, pero sin cuerpos recuperados.

 

La avalancha de lodo tóxico avanzó por ocho kilómetros corriente abajo, destruyendo casas, oficinas, instalaciones y personas –tragedia de la que se puede decir cualquier cosa– menos que no fue vaticinada con mucha antelación.

 

Es la catástrofe industrial que más fatalidades ha cobrado en Brasil, en donde la minería parece no tener límites ni control en sus actuaciones, no solamente en la alarmante destrucción masiva de recursos naturales, sino en la más comprobada inseguridad laboral con que estas empresas operan.

 

El complejo minero –uno más de docenas de otros similares– que allí posee la multinacional alemana Vale SA, con cotización en la bolsa de valores de Nueva York, ha sido objeto de inveterados cuestionamientos sobre su descuidada gestión de seguridad operacional.

 

Copia de SEMINARIO PROFESIONAL -

En 2015, a menos de 60 kilómetros de Brumadinho, una tragedia idéntica le aconteció a otra operación minera, Samarco –un emprendimiento conjunto entre Vale y BHP– que causó la trágica muerte de 19 personas, aunada a una gigantesca catástrofe ambiental. Las lecciones aprendidas para la gerencia de Vale –efectivamente–, les valió.

 

La policía brasileña emitió múltiples órdenes de arresto para diversos funcionarios claves de Vale, pero también para la firma de auditores TÜV SÜD, quienes en una muestra olímpica de complacencia, irresponsabilidad y desprecio por cualquier norma o estándar prudencial, habían certificado como estable y operacionalmente segura, la fallida represa que contenía el equivalente de cinco mil piscinas olímpicas. Los auditores ejercieron la función de verdaderos mercenarios técnicos, vestidos impecablemente con trajes ejecutivos.

 

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Además del dolor de las familias, debe reflexionarse sobre el papel de estos mercenarios técnicos que no solamente existen allí, sino que también a lo largo de nuestras geografías, dando por “íntegros”, “seguros”, “sostenibles”, “ecoeficientes” –procesos, instalaciones, operaciones, dispositivos y proyectos– que tienen graves fallas intrínsecas e imprudencias gerenciales, que hacen predecible una catástrofe. Estos rifleros armados de laptops y alucinantes presentaciones en Powerpoint, alquilan al mejor postor sus falseados informes para encubrir estas negligencias criminales.

 

Hasta ahora han sido arrestados el director ejecutivo de operaciones geotécnicas –quien estaba al cargo del equipo para monitorear la estabilidad de la presa–, así como el director ejecutivo corporativo de esta misma área. Igualmente está tras las rejas el encargado de preparar y enviar la correspondencia técnica con los reguladores, quien en forma intencional, produjo “creativamente” todo género de información falsa para simular el cumplimiento con las normativas técnicas.

 

Además de esta grave tragedia, es más sorprendente aún la postura descarada del CEO de Vale, Fabio Schvartsman, quien ante los cuestionamientos de diputados brasileños, manifestó con desparpajo que “los procedimientos de seguridad no habían funcionado”, lo cual es más cínico aún, ya que con base en los memorandos internos asoleados por la investigación, la alta gerencia de Vale sí sabía –y con certeza indudable–, que la presa estaba en riesgo inminente, habiendo violado –reiterada y conscientemente– las guías operacionales de la industria, antes que esta colapsara.

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Las graves fallas estructurales del diseño, para el que no se hicieron correcciones por la perniciosa mentalidad de algunas gerencias de “mínima inversión -máximo rendimiento de activos”, causó que esta forma irresponsable de almacenamiento de materiales tóxicos estuviese configurada imprudentemente, llegando a un extremo de ubicar en su parte baja –en curso directo ante una hipotética ruptura, la cual ocurrió– el comedor de los empleados, que es el sitio en donde la mayoría de víctimas confirmadas estaba en los primeros segundos del colapso.

 

Esta tragedia empresarial debe ser considerada –éticamente– como una muestra enciclopédica del frecuente divorcio entre la ficción y propaganda de los postulados de Misión, Visión, Valores Corporativos de algunas compañías –y la realidad piratesca y corsaria con que verdaderamente operan y se rigen–, ayudados por la pompa y maromas de una cínica responsabilidad social empresarial; todo un caso de estudio del doblepensar orwelliano, con saco, corbata y sibilina jerga corporativa.

 

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Comparecencia en Canal Católico -11-febrero-2019

Mi agradecimiento a Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE) así como a Nohelia González, por la invitación a participar en el programa de 8:00-9:00 a.m. en donde tuve la oportunidad de abordar el tema de las acciones que las empresas y los individuos pueden desarrollar para hacerle frente a ambientes retadores, como el que estamos viviendo actualmente.  Adicionalmente, tuve la oportunidad de abordar algunos de estos tópicos que están reflejados en mi más reciente libro: “La Organización Clientocéntrica – El Servicio Extraordinario a los Clientes como Estrategia Competitiva”, el cual está de venta en librerías Hispamer, así como en Amazon.com.es  en formato electrónico o en copia dura.

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Columna semanal Competitividad Empresarial – 6-feb-2019

De los motociclistas empresariales

Autor: Lic. Carlos Romano Flores Molina

Director Ejecutivo Cambio Cultural Consultores – Managua, Nicaragua

Cualquier organización que tenga en su plantilla los servicios de motociclistas -bajo cualquier modalidad- debe brindarles una capacitación competente. Esto es un imperativo legal en virtud de la Ley 618 de Higiene y Seguridad del Trabajo.  Pero más allá del cumplimiento legal, es importante reflexionar de cómo las prácticas administrativas pueden incrementar el vector de riesgo y las consecuencias eventualmente fatales para su personal motociclista.

Veamos en detalle. Los accidentes de trabajo tienen muchísimas causas, pero de acuerdo con la normativa citada, estas pueden clasificarse en tres grandes grupos: humanas, técnicas y administrativas.

Las causas humanas -en términos generales- son aquellas acciones u omisiones que un individuo -en este caso un motociclista empresarial- ejecuta erróneamente debido a creencias o supuestos normalizados en su entendimiento, lo cual unido a un exceso de confianza, entre otros factores cognitivos, provoca en la cadena de eventos de un accidente serio o fatal.

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La segunda causa, las técnicas, pueden estar relacionadas con fallas o desperfectos en los equipos, en este caso las motocicletas, pero en realidad, son factores con un bajo porcentaje de explicación de estos percances, que, en todo caso, se corresponden también con actos que retornan al lugar y momento donde alguien tomó una decisión, incluso aparentemente inocua, pero que se activó desfavorablemente como un precursor de accidente.

La tercera causa son las administrativas. Estas -a mi juicio- son las más importantes y predictoras confiables del horizonte de sucesos de un accidente en cualquier empresa, porque son las que tienen que ver con la forma en que la gerencia o alta dirección escoge conscientemente, decide con un fundamento determinado -correcto o no-, que la operación sea realizada de tal manera por los motociclistas.

Aquí hay muchas variables que al interno de la empresa deben estudiarse a conciencia: carga de trabajo: ¿Es razonable o los obligamos a realizar tareas que llevan al límite su habilidad y resistencia? Supervisión por celular: ¿Está normalizada como práctica aceptable el llamar a los motociclistas cuando sabemos que van conduciendo? Políticas: ¿Existen estipulaciones definidas sobre los horarios de trabajo, horas límite de retorno a oficinas, uso obligatorio de equipo de seguridad, entre otros? ¿Existe un manual de guías o pautas de seguridad para los motociclistas, en donde se detallen las expectativas sobre su conducta y obligaciones igualmente que las de la empresa empleadora? ¿Se tiene un sistema de consecuencias establecido como un disuasivo para aquellos que infringen nuestras normas internas?

Las causas administrativas son las más amplias en los fenómenos de causación de este tipo de accidentes, con alta frecuencia, fatales. La buena noticia es que la gran mayoría de ellas son mejorables a través de varias acciones administrativas.

Otros aspectos para revisar deben ser los procesos de preselección y reclutamiento del personal motociclista. Algunas empresas asumen que cualquier persona con una licencia para conducir motocicletas, puede de hecho, operar con seguridad una de ellas sin problema. Falso.

Lo más común es que la persona sea un motociclista novato o sin experiencia.  Es por eso por lo que hay que asegurar que cada motociclista de nuevo ingreso pueda tener una formación significativa, no solamente en Manejo Defensivo para estos vehículos, sino también, una inducción robusta y con evaluación sobre los lineamientos de seguridad propios de la institución o empresa que está en proceso de seleccionarlos.

No se debe perder de vista que todo accidente vial que termine en fatalidad puede involucrar serias responsabilidades legales de diversa índole para los niveles administrativos de la empresa.

Es por eso por lo que se debe pensar en términos sistémicos y de sostenibilidad en la formación de este personal motociclista, puesto que para evitar un percance fatal se requiere articular simultáneamente toda una estrategia en varios flancos, mucho más allá de únicamente realizar un entrenamiento competente y periódico.

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Honestamente, no se puede hablar de Misión, Visión y Valores Empresariales cuando se sabe que hay situaciones de riesgo máximo del personal motociclista realizando labores de distribución, mensajería, cobro, ruteo, entre otras actividades, pero que la gerencia de la organización no hace los esfuerzos preventivos necesarios y suficientes para evitar estas tragedias que, en una gran proporción, son perfectamente prevenibles al adoptar medidas sistémicas.

El autor es consultor de empresas.

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