Columna Competitividad Empresarial: Mitos y falacias sobre la prevención (2018-03-07)

Algunas percepciones erróneas acerca de la prevención de incidentes laborales, o Seguridad Operacional (SO):

  1. La (SO) es un gasto más, por lo tanto hay que minimizarlo lo más que se pueda”: esta es una de las percepciones más equivocadas, puesto que su verdadero carácter fundamental es de una inversión que permitirá ahorrar costos y gastos a futuro, derivados de la prevención de percances laborales, que de otra manera, para reponer los activos o pagar las compensaciones ante una falla operacional, afectarían directamente las utilidades netas. Esta omisión de conocimiento no es menor, puesto que evidencia no saber los gastos directos e indirectos de un incidente –incluyendo situaciones reputacionales y legales crecientemente complejas– con la posibilidad de sanciones penales a miembros de carne y hueso de la gerencia, supervisión directa, entre otros.

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  2. Estamos cumpliendo exactamente con lo que dice la ley”: es importante saber que el cumplimiento legal es solamente una obligación de tener una línea base mínima de condiciones, formación y configuración de métodos de trabajo que protejan a los colaboradores de los riesgos más inherentes de la realización de las labores, pero no implica necesariamente la efectividad de todas las variables que determinan los fenómenos de causación de un eventual percance. Es preciso recordar que en el caso del mega derrame de British Petroleum en el golfo de México, una de las tres causas raíces provenientes de la investigación independiente, fue que la administración perseguía solamente el objetivo de cumplir superficialmente con las medidas de seguridad para evitar una multa regulatoria, pero nada más allá.
  3. La responsabilidad de la prevención es de los encargados de Higiene y Seguridad”: esta afirmación puede calificarse –sin exagerar– como una verdadera locura, puesto que en el segmento específico operacional, la responsabilidad de la supervisión es siempre 100 % de la línea de autoridad ante una omisión o acción riesgosa que cause directa o indirectamente un eventual percance; y en el nivel más alto, la responsabilidad máxima la conlleva la gerencia general, debido a que la determinación de los métodos de trabajo, equipos, esquemas administrativos, calidad de la supervisión, dotación de recursos, entre otros, dependerá de las decisiones -y de las no-decisiones– que aquella tome soberanamente, siendo crucial enfatizar que el hecho de no concretar una decisión, conscientemente o por desconocimiento, es también una decisión clara e indudable en sí misma.

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  4. Vamos bien, la prueba es que no hemos tenido accidentes”: esta es otra de las falacias más plácidas en las que algunos se asientan como en un mullido sillón, pero solamente refleja una ingenuidad filosófica “nivel Dios”, puesto que hasta el azar y la incompetencia pueden mantener períodos sin incidentes significativos, pero esto no invalida la ocurrencia indudable de una situación de graves consecuencias, por la repetibilidad de las tareas y la normalización del error y las desviaciones.
  5. Ya tomamos las medidas correctivas correspondientes”: esta otra afirmación, con frecuencia no es más que una pirotecnia verbal, -a veces acompañada de una pose elegante- a la que siempre habrá que cuestionar: ¿cuáles fueron los sistemas gerenciales que se identificaron con fallas? ¿cómo se garantizará la sostenibilidad de las acciones correctivas?, o la pregunta más temida: ¿qué tan independiente fue la investigación realizada?, ya que en la mayoría de los casos será tan “objetiva y libre de sesgo” como la pregunta hecha a la mamá sobre la opinión de su hijo-a.
  6. Ya realizamos la capacitación respectiva para recordar la importancia del procedimiento” o la variante “hicimos una reunión de seguridad para resaltar el debido cumplimiento”: estas son dos de las obviedades que se cometen con gusto netamente masoquista, puesto que en la mayoría de los casos, la causa de los incidentes obedecen –exactamente– a otros factores sistémicos, más culturales y autobiográficos sobre las conductas administrativas aceptadas y premiadas sobre aspectos que son decretados –en su nivel más profundo– a la imagen y semejanza de los valores personales con los que la gerencia se siente satisfecha en promover.

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  7. Es que es muy caro” (proceso, equipo, maquinaria, método, especialización, capacitación, dispositivo o cualquier otra mejora relevante): es síntoma que todavía faltan aprendizajes significativos para entender el concepto de inversión versus el de gasto.

Lic. Carlos-Romano Flores Molina, MEE, MSc.

Director Ejecutivo Cambio Cultural Consultores

direccion@cambiocultural.net

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