COLUMNA CAMBIO CULTURAL – VIERNES 2 DE ENERO 2015 – POR CARLOS R FLORES

CHINANDEGA: CAOS INFINITO

Cuando uno recorre las calles de esta ciudad, la palabra caos, definida esta como “desorden o confusión absolutos”, no podría definir todo lo que ha llegado a degradarse su casco urbano.

Es que quien desee verdaderamente observar la desidia, la inacción, el absurdo; así como la impunidad, el lujo y violencia con el que los mal llamados vendedores han trocado sus vías principales, tendrá material para varios tomos sobre “Autoridades Paralíticas” o “Administraciones Inexistentes”.

En un país en donde llamar a las autoridades a asumir correctamente su rol es ya una materia de la más pura ficción, por eso no me ocupo de mencionar siquiera a quiénes esta responsabilidad pudiera corresponder, ya que el sentido de gerencia de nuestras ciudades no tiene ya nada que ver –en nuestra surrealista condición– con proyectos, mejoramientos, iniciativas, y mucho menos, de respeto por los derechos ajenos; el concepto del “otro” o del “prójimo” es algo que dejó de tener significado para quienes deberían cumplir mínimamente la Ley de Municipios y su reforma, No. 40 y 261, siendo esta normativa muy seguramente, un documento que muy pocos deben haber visto alguna vez, o tener alguna sospecha de su existencia.

La salvaje ocupación de las calles por infinitos ocupantes sin que ninguna autoridad los regule o los reubique –entiendo deben pagar, que eso es lo único que parece importar– hace que los otros sean pisoteados, obligando a la ciudadanía a que circulen toreando los diversos tipos de vehículos que amenazan a los transeúntes.

El parque central, un refugio de indigentes superando a las favelas brasileñas, en donde alcohólicos y otros grupos marginales afean y acosan al paseante, es una de las “perlas  negrísimas” de esta otrora bonita ciudad.

Los toldos de las empresas telefónicas, que abusivamente no les basta con entorpecer la libre circulación de las personas, instalan altoparlantes con centenares de watts de salida, triturando inmisericordemente cualquier asomo de tranquilidad a los vecinos, son muestras de la complicidad diaria de todas las mal llamadas autoridades, que tienen leyes como la 559 de Delitos Ambientales, pero que en una muestra más de creatividad burlesca, solamente proceden ante solicitud de parte, jamás de oficio, siendo esa condición la que precisamente las mantiene en vacaciones perpetuas y sin efectividad alguna, haciendo que cualquier derecho ciudadano sea inexistente, ya que primero usted tiene que ir a sufrir el calvario y gasto de hacer una acusación que le va a desgastar, tanto al inicio, como al final, con una predecible impunidad.

Es paradójico observar que los mismos derechos consignados en la Constitución Política son atropellados, pateados y escupidos por las mismas autoridades, quienes ostentan ese nombre y cuya actuación es la antítesis del mismo término.

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