EL COMPLEJO DE SUPERMAN – COLUMNA SEGURIDAD EMPRESARIAL – 2013-07-16

EL COMPLEJO DE SUPERMAN

Esta conducta es una de las que causan mayor cantidad de accidentes en nuestro país.  Ocurre cuando alguien, principalmente en el contexto psicológico nicaragüense, exhibe una conducta de “todo lo puedo, nada puede lastimarme”, entonces terminamos teniendo un accidente, lo cual es un reflejo de nuestra pobre autoestima como individuos, permitiendo que nos ocurra una lesión, incluso la muerte, por demostrar que somos superiores a otros, que tenemos más inteligencia que el resto, o bien, en el colmo de nuestra audacia, que somos indestructibles.

Hay que penetrar un poco en las raíces psicológicas de esta conducta, puesto que tiene precursores muy notorios dentro de la sociedad en que vivimos.  La cultura del salvaje (¡qué salvaje ese tipo, ese hombre es la ley!), aparece vinculada al temor enfermizo que se perciba que hay cosas que no sabe o que no puede hacer.  

Las conductas que surgen entonces son las siguientes:

  • Realizar trabajos que exceden nuestra capacidad, poniendo en peligro nuestra integridad física;
  • Efectuar tareas con un riesgo excesivo pensando en que podemos destacarnos del resto del grupo por “hombradas”;
  • Conducir tareas para las cuales no tenemos suficiente conocimiento, pero creemos que podemos aprender sobre la marcha;
  • Ejecutar labores sin el equipo de protección adecuado, pensando que son refinamientos y delicadezas de alguien que percibimos con infinitamente menos tetosterona que la nuestra.

Estas conductas son absolutamente equivocadas y deben de evitarse a toda costa. 

El personal de supervisión debe estar vigilante ante este tipo de actitudes y comportamientos, pues reflejan una comunicación inadecuada de expectativas correctas en el trabajo.  Es sorprendente e irónico que algunas veces estas situaciones de riesgo, son propuestas por las mismas personas encargadas de realizar el trabajo. 

El problema es que aunque pueda moldearse la prevención de estas conductas al interno de las empresas, el personal que labora en estas organizaciones también estará recibiendo estímulos internos/externos a contravía de lo que queremos cambiar. 

Se piensa que esta conducta existe algo de neurosis también, el cual puede equivaler a lograr con ella un posicionamiento y favoritismo por parte de la supervisión, así como la pertenencia a un grupo de “incondicionales”, el cual en nuestra cultura con tantas taras colectivas, hace que la audacia sea una medida superior de desempeño aunque el trabajo realizado tenga calidad mediocre.  

Ingenuamente se estima que el arrojo, audacia o bravura, -traducidas en una irresponsabilidad y osadía para con nuestros dependientes- nos pondrá en un lugar de preferencia ante la supervisión, con la grave subestimación compulsiva de nuestra propia capacidad para resolver cualquier situación o evitar accidentes.

Si acaso nos encontramos trabajando en una empresa que se rige por valores en donde verdaderamente el ser humano se encuentra de primero, este tipo de conductas tiene que ser sancionada y jamás deben ser premiadas en forma abierta o velada, ya que de lo contrario estaríamos promocionando la irresponsabilidad y la temeridad como medio de escalamiento organizacional, lo cual nos llevará tarde o temprano a un profundo arrepentimiento.

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PARADA DE TRABAJO INSEGURO – EL NUEVO DIARIO – 2 DE JULIO 2013 – POR CARLOS R. FLORES / COLUMNA SEGURIDAD EMPRESARIAL

Parada de trabajo inseguro

elnuevodiario.com.ni – –

 

En las empresas en que la Seguridad Operacional se toma en serio como un valor empresarial, como un imperativo de negocios, existe lo que se denomina Autoridad de Parada de Trabajo Inseguro, el cual es una prerrogativa de cualquier persona dentro de la empresa, para detener cualquier labor que tenga un peligro inminente para la integridad de las personas, medio ambiente o activos organizacionales.

Esto no solamente tiene que ver con el derecho individual a detener el trabajo con peligro claro, evidente y sin control, sino también, con el rehusarse en forma personal a efectuar alguna tarea que sea visiblemente peligrosa y para la cual no exista una adecuada administración y control de peligros o medios de protección para evitar una lesión o fatalidad personal.

En inglés, esto es conocido como el Stop Work Authority (SWA) y es además de un deber moral con el cual se empodera al personal de todos los niveles, una práctica operacional que tiene una verificación de cumplimiento positiva.

Cuando este derecho se pone en práctica, cuando existen las condiciones culturales en las empresas para facultar al personal, vendrán entonces beneficios muy notorios debido a que es un recurso preventivo de última instancia, el cual puede hacer que los accidentes puedan ser evitados en el minuto final.

En Nicaragua son pocas las empresas con este privilegio, generalmente, con un performance envidiable en Seguridad. En las que no tienen esta práctica, existe un alto costo de decir no al realizar un trabajo peligroso no controlado. Muy probablemente la consecuencia pueda terminar en un despido, sanción, o bien, en una amonestación, cuando menos.

Pero, entonces, surge más allá de este deber y derecho moral, la ley específica. La normativa vigente (Ley 618) señala en su arto 18, numeral 13, Obligaciones del Empleador, “Suspender de inmediato los puestos de trabajo, que impliquen un riesgo inminente laboral, tomando las medidas apropiadas de evacuación y control”. También el arto 326 establece como infracciones muy graves, el hecho del no cumplimiento de las disposiciones de la ley que causen daños en la salud o produzca la muerte, y entre ellas, el inciso (b) “No paralizar ni suspender de forma inmediata el puesto de trabajo o máquina que implique un riesgo inminente para la higiene y seguridad de los trabajadores, o reanudar los trabajos sin haber subsanado previamente las causas que motivaron la paralización”.

La ley mencionada protege este derecho, el cual puede ser difícil de ejercer por el trabajador debido a las características socio-económicas de nuestro país, no obstante, es imperativo que en las empresas, las gerencias puedan tomar conciencia de la necesidad de poner en vigencia esta obligación del empleador como una práctica operacional, ya que indudablemente redundará en un ambiente de trabajo más seguro, en donde pueda hacerse realidad el mensaje que la Seguridad Operacional es algo vivo y beneficioso y no un dudoso slogan más. Llevar a la práctica esta prerrogativa exige un cambio cultural, una verdadera visión y compromiso gerencial.

 

noalosaccidentes@gmail.com

SEGURIDAD BASADA EN MEMORANDOS – EL NUEVO DIARIO- 2013-06-25

Algunas empresas se cuestionan por qué no avanzan en lograr resultados sostenibles en Seguridad Operacional. Se ensayan acciones, modas del mes y otras medidas efímeras que pierden energía apenas empiezan. Esto es especialmente frecuente cuando ocurre un accidente grave o fatal, y se piensa entonces que la actividad de la investigación misma es suficiente y equivalente a tomar medidas adecuadas.

Se establecen lineamientos administrativos, entre otras instructivas, de las cuales se piensa que son acertadas, solamente para verificar tiempo después su inefectividad y la inevitable recurrencia de las mismas situaciones que llevan a otro accidente, con similares características y consecuencias, llegando todo eso a frustrar al personal.

Muchas de estas acciones administrativas tienen muy corta vida porque están basadas en memorandos gerenciales que no son más que deseos muy optimistas, y se refieren a una realidad que es a veces muy distante de la que existe en la fuerza de trabajo operativa. Se piensa erróneamente por parte de la gerencia que lo que se instruye es lo que se hará sin dilaciones, solamente para encontrarse con una ficción que no corrige los errores y las omisiones de liderazgo en Seguridad.

Para administrar la Seguridad Operacional en forma efectiva se requiere más que memorandos y orientaciones ilusorias. Hay que estar en el campo, mostrar al personal que todas las labores realizadas es importante que sean efectuadas con Seguridad y que ningún objetivo de negocios puede ser meritorio si se sacrifica la integridad física del personal.

No se pueden conseguir resultados sostenibles si la Seguridad se deja solamente a los encargados de Seguridad. Esto es peligroso porque es más bien una aberración filosófica.

Las actitudes, comportamientos y el compromiso de aquellos que detentan una gerencia, principalmente la gerencia general, son los que definirán verdaderamente la orientación y comportamiento que tenga el personal hacia la Seguridad como primera naturaleza preventiva.

Si se demuestra después de un accidente que no hay medidas serias, efectivas y enérgicas de involucramiento gerencial, el mensaje claro hacia la fuerza de trabajo será que ellos son también individuos descartables, sin más valor que el de remplazo por otro operario de igual nivel.

Saber que existe inminencia de accidentes laborales, peligros que no se han atendido de una manera profesional, que hay exposición a agentes tóxicos o situaciones de riesgos psicosociales, es éticamente inaceptable desde cualquier filosofía humanista.

Me recuerdo de mi experiencia en la petrolera, en la cual en una planta centroamericana el gerente general nunca visitaba el campo operacional, porque lo consideraba una pérdida de tiempo o de glamour, tampoco dirigía la palabra a los contratistas porque era “inapropiado”.

Tuvo esa conducta contraproducente consecuencias fatales, porque él consideraba que era suficiente con administrar la seguridad por memorandos, y al final, su salida de la empresa lo provocó un accidente fatal de dos supervisores, los que demostraron con sus vidas perdidas que la ficción de este enfoque de gestión inadecuado. La Seguridad es vivencial, presencial y debe modelarse continuamente, no se puede administrar con papelitos.

 

noalosaccidentes@gmail.com